Otro guardia tomó de la mesa una navaja de bolsillo. Al hombre se le desorbitaron los ojos mientras se preguntaba qué pensaban hacerle. Desvió la mirada hacia Jason, que lucía una sonrisa siniestra. —¿Qué van a hacer? —preguntó, alterado. —Vaya, todavía no he empezado y ya estás perdiendo los nervios —se burló Jason. El contenido del recipiente aún burbujeaba. Peter dejó caer una gota en el suelo y enseguida comenzó a salir humo. Todos se pusieron las mascarillas mientras el líquido corroía el piso y generaba cada vez más humo. Como el hombre no llevaba ninguna, empezó a toser. Un minuto después, cuando el líquido terminó de arder, todos se quitaron las mascarillas. El suelo había quedado ennegrecido en aquel punto. —La próxima gota caerá sobre tu herida —advirtió Jason.

