Julia permaneció allí unos instantes, alternando la mirada entre él y la tarjeta. Al final, extendió la mano para tomarla. James aprovechó el momento para rozarle los dedos a propósito, y ella retrocedió un paso. —Gracias. Estaba a punto de marcharse con el paquete en la mano cuando James la detuvo. —Espera, no huyas. Solo te pido diez minutos. Quiero hablar contigo. Julia se quedó inmóvil, de espaldas a él, mientras James recogía su sándwich, guardado en una bolsa de papel, y el café en su portavasos. —Solo quiero disculparme por lo que pasó la última vez. Por favor —suplicó. Julia se volvió para mirarlo. —Podemos hablar aquí —propuso, señalando una mesa redonda con dos sillas dentro de la cafetería. Ella asintió y se dirigió hacia allí con James siguiéndola. Él

