—Hola, Julia —saludó. James cerró la puerta tras de sí y vio cómo Julia palidecía. Ella intentó conservar la calma, aunque en el fondo sabía que no había ido con buenas intenciones. —Hola. ¿Qué puedo hacer por ti? —preguntó con voz temblorosa. James sonrió al percibir su miedo. Avanzó con paso firme hacia la sala. Julia aprovechó para intentar abrir la puerta, pero descubrió que él había cerrado la entrada con llave. El corazón le golpeó con fuerza en el pecho. Al oírla forcejear con la cerradura, James se volvió y le mostró las llaves. —Sabía que harías eso. Me harías quedar mal delante de todos, así que cerré con llave. Miró alrededor del apartamento y se apoyó en el sofá, con los brazos cruzados sobre el pecho. —¿Sabes qué es lo que más me gusta de mi hermano? Le

