CAPÍTULO VIII Después de tanto tiempo lejos, necesitaba volver, había dado tantos tumbos, tantos kilómetros recorridos, tantas vivencias acumuladas, que esa mañana del final del verano, cuando me levanté, lo decidí, así sobre la marcha, como se suele decir, “Regreso a casa, al hogar”. El viaje fue demasiado rápido, casi ni me dio tiempo de hacerme a la idea, seguro que cuando llegara entre los míos, todo cambiaría, pero no me imaginaba cómo. Mirando mi vieja mochila, allí sobre una de las maletas del otro viajero, que estaba sentado a mi lado, pensé “¡Hay que ver con que poco se puede vivir!, la de cosas que he hecho y sólo he necesitado eso, lo que llevo en ella”. Claro, que lo más importante lo llevaba dentro de mí, las vivencias de todo lo conocido, eso no se puede meter, ni en una m

