Era un día importante para Jean, aunque me comentó que no se lo dijera a nadie porque lo que hablarían sería un secreto. Llegué a la recepción, en donde una muy animada Sakura me recibió. Sus achinados ojos casi se cerraron gracias a la sonrisa que tenía. —Aurora, tan hermosa como siempre —expresó—. Ya me he memorizado tu nombre, es un avance para mí. —No me imagino lo difícil que es tener que recibir a todos los empleados de este edificio —respondí, un poco empática. —Ni me lo recuerdes. Lo bueno es que ya llevo bastante tiempo aquí —alegó, entregándome la hoja de firma. —¿No te aburres estando sola? —pregunté, tomando el bolígrafo. —Para nada. Suelen visitarme a menudo para pedirme ciertas cosas o saludarme. Podrías hacer lo mismo en tu hora libre —sonrió, guiñándome un ojo. —Esta

