Capítulo 6

1271 Words
La lluvia golpeaba contra los ventanales del piso al techo de la oficina de Lex en el penthouse mientras Marcus Cole permanecía frente al escritorio de su alfa, la tensión irradiando desde cada línea de su cuerpo. La calma habitual del beta se había resquebrajado, revelando algo que hacía que el lobo de Lex se paseara inquieto bajo su piel. —Dime —ordenó Lex, su voz cargada con el peso de la autoridad absoluta. Marcus colocó una bolsa de evidencia sellada sobre la superficie de caoba pulida. Adentro, un pequeño pedazo de tela captó la luz de la lámpara—desgarrado, manchado de sangre, de veinte años de antigüedad. —El equipo forense finalmente procesó la última evidencia del sitio donde asesinaron a tus padres. Esto estaba enganchado en una rama a cincuenta metros de donde los encontramos. Las fosas nasales de Lex se dilataron al captar el aroma incluso a través de la barrera protectora. Su lobo se lanzó hacia adelante, el reconocimiento golpeándolo como un puñetazo físico. Cabello cobrizo. Flores silvestres y lluvia. El aroma que lo había estado volviendo loco durante días. Emma. —No. —La palabra se desgarró de su garganta mientras se puso de pie de un salto, la silla girando hacia atrás—. Eso es imposible. —Lo he verificado tres veces, Alfa. Los marcadores de aroma son idénticos. —La voz de Marcus se mantuvo firme a pesar de la tormenta que se gestaba en los ojos gris acero de Lex—. Ella estuvo ahí. En la escena. El vínculo de pareja pulsaba en el pecho de Lex, un dolor constante que solo se había intensificado desde conocer a Emma Rosewood. Su lobo aulló confundido, desgarrado entre el instinto de proteger a su pareja y la evidencia que sugería que ella estaba conectada con la pérdida más devastadora de su vida. —Tenía tres meses —gruñó Lex, comenzando a caminar detrás de su escritorio como un depredador enjaulado—. Un bebé no asesina a dos hombres lobo alfa. —Pero su familia sí lo hizo. —Marcus sacó una tablet, deslizando para revelar imágenes de videovigilancia—. He estado investigando más a fondo la masacre de la Manada Rosewood. Los reportes oficiales fueron censurados, pero encontré declaraciones de testigos que fueron enterradas. Tus padres no fueron asesinados al azar, Lex. Los atrajeron a esa ubicación. Las imágenes en la pantalla mostraban fotos de la escena del crimen que hicieron que la visión de Lex se nublara de rojo en los bordes. Sus padres, destrozados con una brutalidad que hablaba de venganza personal más que de disputa territorial. —La Manada Rosewood estaba planeando algo —continuó Marcus—. Múltiples fuentes sugieren que habían estado acumulando armas, haciendo alianzas con grupos extremistas humanos. Tus padres fueron a detenerlos. Las garras de Lex se extendieron involuntariamente, dejando surcos profundos en el escritorio de madera. —¿Y Emma? —Si realmente es la última Rosewood, podría ser la clave de todo. La pregunta es si ella lo sabe. --- A cinco kilómetros de distancia, Emma aferró su taza de café con manos temblorosas mientras miraba fijamente la pantalla de su laptop. Los datos ambientales del sitio Clearwater no tenían sentido. Las muestras de suelo mostraban composiciones minerales que no coincidían con los estudios geológicos. Las mediciones del nivel freático fluctuaban en patrones que desafiaban toda explicación natural. Alguien estaba mintiendo. Su teléfono vibró con otro mensaje de un número desconocido: Deja de hurgar o terminarás como tus verdaderos padres. La taza se resbaló de sus dedos, estrellándose contra el piso de madera. El café se extendió en riachuelos oscuros entre las tablas mientras el corazón de Emma martillaba contra sus costillas. El mensaje había llegado todos los días durante la semana pasada, siempre desde números diferentes, siempre cargando la misma amenaza subyacente. Tomó toallas de papel, arrodillándose para limpiar el desastre, cuando el dolor atravesó su cráneo. La sensación familiar de su cuerpo cambiando, transformándose de maneras que no deberían ser posibles. Sus uñas habían crecido más durante la noche—no solo más largas, sino más duras, más afiladas. Cuando había tratado de cortarlas esa mañana, el cortauñas se había roto. Los sueños también estaban empeorando. Cada noche, se encontraba corriendo por bosques iluminados por la luna con piernas que se movían con velocidad y gracia inhumanas. Despertaba con lodo en los pies y rasguños en los brazos que no podía explicar. Emma presionó las palmas contra sus sienes, rogando que el dolor cediera. La fotografía de su madre biológica la provocaba desde donde la había apoyado contra su laptop. Los ojos de la mujer guardaban secretos que Emma necesitaba desesperadamente descubrir. Su teléfono sonó, haciéndola saltar. El nombre de Lex parpadeó en la pantalla. —Emma. —Su voz sonaba tensa, diferente a sus conversaciones previas. —Alexander. —No pudo obligarse a usar su apodo, no cuando su mundo se sentía como si se estuviera resquebrajando—. No esperaba saber de ti. —Necesitamos hablar. Sobre el proyecto Clearwater. Sobre tu familia. Algo en su tono hizo que su sangre se helara. —¿Qué pasa con mi familia? —No por teléfono. Encuéntrame en Pike Place Market en una hora. En el puesto de flores cerca de los vendedores de pescado. La línea se cortó antes de que pudiera responder. Emma miró fijamente su teléfono, la inquietud trepando por su columna. ¿Cómo sabía sobre su familia? ¿Qué no le estaba diciendo? Tomó su chaqueta y llaves, deteniéndose frente al espejo del baño. Su reflejo la miró de vuelta con ojos que parecían más brillantes de lo usual, de un verde más vívido. Cuando sonrió tentativamente, sus colmillos parecían más afilados que esa mañana. ¿Qué le estaba pasando? --- Lex llegó a Pike Place Market veinte minutos antes, su lobo en alerta máxima mientras escaneaba la multitud en busca de amenazas. El aroma de pescado y flores no podía enmascarar la tensión subyacente que se había estado acumulando durante días. Alguien lo estaba observando—observándolos a ambos. La voz de Marcus crepitó por su auricular. —Dos camionetas sin placas estacionadas en Western Avenue. Tres individuos sospechosos manteniendo contacto visual con tu ubicación. —¿Humanos o lobos? —murmuró Lex, fingiendo examinar una exhibición de salmón. —Humanos. Pero armados. Emma apareció en el extremo lejano del mercado, su cabello cobrizo captando la luz de la tarde que se filtraba por las ventanas. Incluso desde la distancia, Lex podía ver los cambios en ella—la forma en que se movía con nueva gracia, la inclinación alerta de su cabeza mientras navegaba por la multitud. Su pareja estaba despertando. Mientras se acercaba al puesto de flores, Lex captó su aroma en el viento. Flores silvestres y lluvia, exactamente como había estado en la bolsa de evidencia. Su lobo gruñó confundido, desgarrado entre devoción y sospecha. Emma alcanzó un ramo de rosas blancas, y Lex lo vio—la curva alargada de sus uñas, la sutil punta de sus colmillos cuando sonrió al vendedor. Se estaba transformando. ¿Pero en qué? ¿Y por qué ahora? —¿Alexander? —Emma se volteó, rosas en mano, y sus ojos se encontraron a través del mercado bullicioso. En ese momento, Lex se dio cuenta de la terrible verdad. El vínculo de pareja, el momento de su despertar, su conexión con el asesinato de sus padres—nada de eso era coincidencia. Emma Rosewood no era solo su pareja destinada. Era el arma que sus enemigos habían estado preparando durante veinte años.
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