Capítulo 7

1120 Words
La oscuridad previa al amanecer se apretaba contra las ventanas del penthouse de Lex mientras extendía reportes policiales de hace veinte años sobre su escritorio de caoba. El expediente forense se sentía más pesado de lo que debería, cada página como un peso contra su pecho. Marcus había logrado lo imposible: el aroma de Emma, preservado en fibras de tela de la noche en que murieron sus padres. Su lobo caminaba inquieto bajo su piel, rechazando toda conclusión lógica. Compañera, insistía, un rugido constante de necesidad y protección. Reclamar. Proteger. Mía. Pero la evidencia no podía mentir. Los dedos de Lex trazaron las fotografías de la escena del crimen, su visión mejorada distinguiendo detalles que los investigadores humanos habían pasado por alto. Marcas de garras en las paredes de la cabaña. Tierra desgarrada donde múltiples lobos habían peleado. El sabor metálico de la sangre aún parecía adherirse a las imágenes después de todos estos años. Su celular vibró. Un mensaje de su investigador privado: Registros de nacimiento de Emma Rosewood empiezan a los 3 meses. Nada antes. Adopción sellada por orden judicial. Tres meses. La misma edad que la masacre de la Manada Rosewood. El lobo dentro de él gruñó, negándose a aceptar lo que su mente racional estaba armando. Emma no podía estar conectada con el asesinato de sus padres. El vínculo de compañeros era sagrado, inquebrantable. La diosa luna no lo emparejaría con alguien que— Su teléfono sonó, cortando sus pensamientos en espiral. "Steele." "Alfa." La voz de Marcus sonaba tensa. "Tenemos movimiento en la península. Tres vehículos, sin placas, dirigiéndose hacia los terrenos sagrados." Lex ya estaba alcanzando su chaqueta. "¿Hace cuánto?" "Veinte minutos. Están usando los caminos madereros viejos para evitar las entradas principales." "Moviliza la manada. Quiero ojos en esos sitios ahora." --- La pantalla de la laptop de Emma proyectaba un resplandor azul sobre su cuarto de hotel mientras navegaba por datos de impacto ambiental que tenían menos sentido mientras más profundo cavaba. El proyecto del parque eólico debería haber requerido estudios extensivos de suelo, análisis de mantos freáticos, evaluaciones geológicas. En cambio, encontró reportes superficiales que apenas arañaban la tierra. Alguien estaba ocultando algo. Abrió imágenes satelitales del sitio de desarrollo propuesto, haciendo zoom en las áreas marcadas para colocación de turbinas. Las formaciones del terreno estaban mal—demasiado regulares, demasiado intencionales. Estas no eran crestas y valles naturales. Se veían casi como... Emma se quedó sin aliento. Montículos funerarios. Sus dedos volaron sobre el teclado, cruzando referencias entre estudios históricos y mapas topográficos actuales. El patrón se volvía más claro con cada capa que añadía. Todo el parque eólico estaba diseñado alrededor de una serie de obras de tierra antiguas, evitando cuidadosamente las formaciones más grandes mientras posicionaba turbinas en un perímetro protector. Esto no se trataba de energía renovable. Alguien estaba usando el proyecto como fachada para asegurar y monitorear el sitio. ¿Pero quién? ¿Y por qué? Un suave sonido de raspado del pasillo la hizo congelarse. El hotel era viejo, lleno de ruidos de asentamiento, pero esto era diferente. Deliberado. Minimizó las ventanas del navegador y se acercó sigilosamente a la puerta, presionando su oído contra la madera. Pasos. Múltiples, moviéndose con silencio depredador. El corazón de Emma martilleaba mientras se alejaba de la puerta. Su cuerpo se sentía eléctrico, cada terminación nerviosa viva con una conciencia que nunca había experimentado. El aire mismo parecía cargar información—aromas, sonidos, vibraciones que pintaban una imagen de peligro acercándose. Tres de ellos. Armados. Moviéndose para rodear el edificio. ¿Cómo sabía eso? Su teléfono estaba en su mano sin pensamiento consciente, el número de Lex ya marcando. Fue directo al buzón de voz. Probó con Marcus después. El mismo resultado. Los pasos se detuvieron afuera de su puerta. Emma agarró su laptop y archivos de investigación, metiéndolos en su bolsa con manos temblorosas. La única ventana del cuarto daba al callejón detrás del hotel—una caída de quince pies al concreto. En circunstancias normales, se rompería cada hueso del cuerpo. Pero nada sobre sus circunstancias se sentía normal ya. La manija de la puerta giró lentamente, probando la cerradura. Emma no pensó. Se movió con precisión fluida que pertenecía al cuerpo de alguien más, a los instintos de alguien más. La ventana se deslizó abierta silenciosamente. Pasó la pierna sobre el alféizar, balanceándose en la cornisa angosta mientras voces murmuraban en el pasillo. "No responde. Tírala abajo." La madera se astilló detrás de ella mientras Emma saltó. Aterrizó en cuclillas que absorbieron el impacto como si lo hubiera estado haciendo toda su vida. Sus piernas se enrollaron y liberaron, propulsándola a través del callejón más rápido de lo humanamente posible. Detrás de ella, gritos estallaron desde la ventana del hotel. "¡Está corriendo! ¡Callejón sur!" La visión de Emma se agudizó, distinguiendo detalles en la oscuridad que deberían haber sido invisibles. Cada sombra se volvió un escondite, cada sonido una fuente de información. Podía oler a sus perseguidores ahora—cuero, aceite de armas, y algo más. Algo salvaje y peligroso que hizo que sus instintos recién despertados gritaran advertencias. Se metió en un pasaje angosto entre edificios, su oído mejorado rastreando sus movimientos. Se estaban separando, tratando de cortar sus rutas de escape. Pero no conocían la ciudad como ella, no entendían el laberinto de los barrios más viejos de Seattle. O eso pensó. Uno de ellos la estaba esperando cuando emergió a la Calle Pine, su sonrisa revelando dientes que brillaban demasiado afilados bajo la luz de la calle. "Hola, Emma. Te hemos estado buscando por mucho, mucho tiempo." Se giró para correr y encontró su camino bloqueado por otra figura, esta usando una cara que casi reconocía de sueños que no podía recordar del todo. "Veinte años," dijo la mujer, su voz cargando un acento que Emma no podía ubicar. "Veinte años hemos esperado a que despiertes." El cuerpo de Emma se enrolló para otro salto imposible, poder inundando sus músculos como fuego líquido. Pero antes de que pudiera moverse, un aroma familiar cortó su pánico. Lex. Un gruñido bajo rugió desde la oscuridad detrás de sus atacantes, prometiendo violencia. Las dos figuras se tensaron, su confianza casual evaporándose. "Otra vez será," dijo la mujer, retrocediendo hacia un vehículo esperando. "Pero no mucho más tiempo. La luna de sangre se alza pronto, y entonces..." Se desvanecieron en la noche, dejando a Emma sola con preguntas que se multiplicaban como sombras. Se giró hacia la fuente de ese gruñido protector, pero el callejón estaba vacío. Solo el aroma persistente de pino y nubes de tormenta permanecía, y la sensación inquebrantable de que ojos aún observaban desde la oscuridad arriba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD