Ricardo Llego a casa muy feliz, que no me percato del gran silencio, ya pasaban las diez de la noche y mi Fernanda, seguramente estaba dormida. Subo hasta su habitación para dejarle un beso de buenas noches y arroparla. Al entrar, descubro dormido a Sebastián junto a ella, con el libro de cuentos en el pecho. Le doy unos toques con suavidad para despertarlo. Abre los ojos y se sorprende. —¡Uy, lo siento! — susurra somnoliento antes de levantarse con cuidado. —Supongo que me quedé dormido al final del cuento. —A medio cuento ya te estás durmiendo, nunca has sido un gran lector. —Es la verdad— sale de la habitación. Me acerco a la cama para acomodar a Fernanda y tras dejar el beso en su frente, abandono la recámara en silencio. — ¿Cómo te fue? —Pregunta de inmediato mi hermano. —Supo

