Sebastián Es difícil que un domingo por la mañana toda la familia este despierta y riendo, creo que aún sigo dormido. Me pellizco y en efecto hay risas contagiosas en la casa. Dejo la cama y después de un rápido aseo, bajo a la cocina, el lugar de donde provenían las risas contagiosas. Mamá, Fernanda y Camila; la niñera, reían mientras Ricardo cocinaba. —¿Qué está pasando? — interrogo acercándome a la mesa. —Buenos días, hermano— responde sonriendo— El aroma de mis arepas te despertaron. —Buenos días, tío— me abraza Fernanda— papá está preparando un desayuno riquísimo. —Eso estoy viendo, ratona— refiero. —Buenos días, hijo— me dice mamá sonriendo. Eso me pareció más extraño, que el que voltee la página ignorando lo que dijo dijese en la noche. La felicidad de Ricardo solo podía sig

