Capítulo 1

2580 Words
Alessandra Tras un medio día agotador en la universidad regreso a casa, encontrando a mi amiga muerta de risa en la recámara. Al entrar, la contemplo de pie, frente al espejo, vestida de policía, al parecer. — ¿Qué haces con eso puesto? Se adelantó Halloween — le digo. —Es mi disfraz para la fiesta de esta noche. Dijiste que iríamos. —responde casi ahogándose de la risa. —Deberías ver el tuyo. — ¿De qué hablas? No mencionaste ningún disfraz. —Sí, creo que se me paso ese detalle. —¿Se te pasó? — me cruzo de brazos. —Pero el disfraz que te han enviado es más decente y más sexy—camina hasta la caja que hay sobre la cama, para que yo misma lo contemple. Aparto los papeles y tomo entre mis manos una túnica semi trasparente. — ¿Qué se supone que es esto? —interrogo asombrada. —El disfraz de Cleopatra. Rita apenas puede hablar por las carcajadas incontrolables. — ¿Piensas que voy a usar esto? Dile a tu amigo Ricardo que se vaya a la mierda y que no somos ningunas exhibicionistas. —Suelto el vestido en la caja—Si tú quieres ir, eres libre de hacerlo, yo no voy a mostrar el trasero. —coloco la tapa de la caja y dejo la habitación. La risa de Rita cesa y me sigue hasta la cocina. —No creí que te molestara tanto emplear un disfraz —expresa mi amiga—, yo lo he tomado con gracia. —se da una vuelta tambaleando con esas botas negras, de taco alto. —Por lo menos a ti no se te ve el trasero —manifiesto sirviéndome un vaso de agua. —Si quieres utilizar el mío no hay problema. A ti te quedaría mucho mejor, no te imaginas todo lo que he sufrido para entrar en esta blusa ceñida, ¡Con este cuerpazo! —Se palmea el abdomen — ¿Qué dices? ¿Intercambiamos? No sabes cuánto he deseado ser Cleopatra. Y por una noche tener los ojos de todos los hombres puestos en este cuerpito caribeño. —Suena tentador, pero ni tú ni yo usaremos esto. Si quiere que vayamos a la fiesta iremos a nuestra manera y si le gusta bien, si no, que se meta su invitación por donde no le entra el sol —respondo molesta. —Uy, que geniecillo el tuyo ¿Tuviste un mal día en la universidad? —El peor, el maldito maestro de álgebra me hace la vida de cuadros. —Nadie dijo que sería fácil estudiar Ingeniería de Sistemas e Informática. —Ni me lo recuerdes. —¿Bueno, siempre te quedas con mi disfraz o qué? —Iremos a alquilar uno, conozco una tienda aquí cerca, aúnque no es temporada, supongo que la señora podría hacer una excepción. —Como gustes—.Responde de mala gana, sé que ya se hacía la idea de ser le centro de atención. —Ve a quitarte eso que salimos en diez minutos —advierto caminando al baño. Unos minutos despues salimos a la tienda y en un par de horas más tarde, encontramos algo adecuado; un disfraz de pirata y una gitana. —No es por nada. Pero estos no son nada elegantes, si lo que quieres es que todos te miren, lo vas a conseguir —susurra Rita. —A mí me gustan y por el precio elevado de alquiler yo diría que están muy a nivel con los disfraces dizque finos de la fiesta. —A lo que me refiero es que son muy anti sexis, demasiado cubiertos. Es como si llevara un cartel que dijera, soy virgen—. Se queja Rita de mala gana. —Exageras demasiado, solo tienes que decir que quieres el disfraz de pirata — se lo entrego en las manos. —Gracias, preciosa — sonríe mi amiga. Regresamos a casa a tiempo para arreglarnos y estar listas para matar, como dice Rita muy animosa. —Lo que sí usaremos de la caja, será el antifaz; está muy hermoso y al parecer todos usarán uno igual —le comunico. Unos minuto después, tomamos un taxi en la esquina del edificio para ir a esa tan ansiada fiesta. —No entiendo por qué los disfraces, no estamos en carnavales o Halloween—. le digo a Rita. —Caprichos de niño rico —responde ella— y con esto no digo que Ricardo lo sea. Fue idea de su hermano menor organizar una fiesta como esta. —Sonríe — Es que tiene la ilusión de encontrar en todas esas chicas misteriosas la media naranja que complemente la vida de Ricardo. Sin embargo, lo que no sabe es que aquí ya está su futura esposa. —Rita, el amor no funciona así, los dos deberían saberlo. No estoy interesada en un noviazgo, menos en un matrimonio— La miro seria para luego soltar la carcajada. —Cuando lo conozcas te derretirás de amor. Ricardo es tan dulce, amable, sincero, sencillo, carismático y más que nada todo un padre de familia responsable. —¡Uy! Si tanto te gusta, porque no lo conquistas—. Le propongo. —Es mi amigo y siempre lo he visto con ojos de hermana, no sé, se me hace raro pensarlo de otro modo, pero estoy segura de que tú lo conquistas en una. —No te hagas muchas ilusiones, desde hace mucho que no quiero arriesgarme a caer en un abismo de dolor. —Deja de ser tan negativa, apenas has vivido tu primera decepciona amorosa. —Y ya no quiero más, ambiciono terminará mi carrera, trabajar. Volver a mi pueblito en el norte y ayudar a mi familia. Casi una hora después llegaron a una muy bulliciosa disco de moda. —¡por Dios santo! Dime que no es aquí — expreso bajando del auto. —Es la dirección —Dice admirada Rita con esa sonrisa de niña en su rostro —El lugar más exclusivo de la ciudad. Al entrar, mi corazón se descontrola, hace muchísimo tiempo que no pisaba un sitio como ese; las luces enloquecedoras, globos multicolores, máquinas de humo y bailarinas semi desnudas moviéndose en los tubos. —¡Vaya fiestecita! Si el hermanito hace una celebración como esta, no quiero imaginar lo que pasa por la cabeza de mi Marco Antonio —murmullo. —¿A quién? —pregunta Rita sorprendida. —A Ricardo, lo digo por lo del disfraz de Cleopatra. Ya sabes. —Ahora estás convertida en una encantadora gitana. Solo relájate y disfruta de la fiesta, yo tengo una cita con ese bombón de ahí — señala a un sexy policía. —Y ¿Dónde encontraré a Ricardo? —Deja que la noche haga su magia, ¿Por qué el apuro? —responde sonriendo. —No tengo apuro, es que no me siento cómoda. —Está bien, Ricardo siempre viste muy elegante, con saco y corbata. Es algo serio y los disfraces como que le aburren. No hay pierde, no hay otro que vestirá igual. —Gracias. —De nada preciosa, disfruta la fiesta — se aleja. —¡Rita! ¿En serio vas a dejarme sola? Mi amiga solamente levanta la mano y se pierde entre los asistentes. Sin saber qué hacer, lo primero que cruza por mi mente es buscar el baño. Me siento mareada por las luces, la sofocación va en aumento y mi corazón se acelera más por el temor de una cita a ciegas en un lugar como ese. “¿Cómo es que me dejé convencer?” Respiro intranquila un instante, hasta que puedo localizar el cartel del baño. Camino en esa dirección sintiendo una inquietud incontrolable en mi corazón. “¡Carajo! Por qué no habré frecuentado antes, estos sitios, me siento como un bicho raro. Es un ambiente normal y común, por así decirlo. No hay de qué temer” Dejo salir una sonrisa nerviosa y como si nada pasara me abro paso entre las parejas que bailan y se besan por todos lados, haciéndome sentir más incómoda. Qué alivio siento al llegar al pequeño corredor de los servicios higiénicos. Me arreglo un poco la falda y doy unos pasos ingresando, cuando de pronto, alguien me toma por el brazo y me lleva hacia la pared. No tengo tiempo de reaccionar, solo sentir como mi corazón se paraliza del miedo. —¡Pensé que nunca llegarías! — me susurra una voz masculina, tan sexy antes de cubrir mi boca con sus labios cálidos. Sin poder reaccionar ante el inesperado beso, únicamente siento un escalofrío inexplicable recorrerme entera, deteniendo mi corazón y el tiempo. Esos labios jodidamente suaves y cálidos saborean los míos con gran pasión. Mi respiración se agita y los ojos se van cerrando por impulso, en tanto disfruto de esa lengua traviesa causando explosión en mi boca. De un segundo a otro se veo sometida ante un aprovechado, que apegado a mi cuerpo sigue besándome y acariciando mis muslos con esa destreza y delicadeza que me hace temblar. Una excitación incontrolable se apodera de mi cuerpo y se posa en mi sexo, humedeciéndolo, haciéndolo palpitar de deseo por aquel atrevido extraño. Mis piernas tiemblan y el cuerpo traicionero se arquea hacia él dándole permiso para poseerme. Su perfume me hipnotiza cerrándome los ojos para disfrutar de un beso sensacional. Flotando en el mismo cielo y aferrándome al cuerpo de aquel extraño, al fin logro reaccionar. Con un pequeño empuje lo aparto y saz, le dejo un rodillazo en la entrepierna, como último recurso de mi debilidad. Él se aparta adolorido. — ¿Qué diablos te sucede Ana Paula? — expresa doblándose un poco con las manos en la entrepierna. — ¿Quién mierda es Ana Paula? — Interrogo un poco sofocada y con los labios aun palpitantes, levantándome el antifaz. — ¡Carajo! —replica, mirandome pasmado, como deslumbrándose por mi mirada. O por la manera de confundirme con otra. —¿Qué tanto me miras? — No sabía que… ¿Y por qué traes su disfraz? — ¿Qué te importa? —Trato de alejarme. —Pues me importa —vuelve a tomarme del brazo haciéndome estremecer —porque Ana Paula es mi cita. — ¿Y a la primera te lanzas a besarla? ¡Qué asco! —. Aparto su mano. — ¿Asco? ¡Acaso no te gustó! —Sonríe volviéndome a tomar del brazo. — ¡Suéltame! —En una sacudida me libero—¡no, no me gustó! —Podrás decir lo que quieras, pero me pareció que lo disfrutaste mucho— vuelve a ponerme contra la pared. Esa mirada fuerte me descontrola y al mismo tiempo lo llena de vida. —¿Disfrutar? ¡Por favor! He recibido mejores besos. —Estoy dispuesto a seguir practicando. —¡perfecto! —lo aparto —. Cuando tengas experiencia me buscas. Vuelve a dar unos pasos lejos, pero de un tirón vuelve a ponerme entre sus brazos. —Ya que sabes tanto ¿Quieres ser mi maestra? —sonríe. —Vete al carajo —lo aparto —Tengo mejores cosas que hacer que hablar contigo. — ¿Cómo qué? —Ir al baño, por ejemplo. —Si no tienes pareja puedo hacerte compañía, mi bella gitana—. Se quita el antifaz y peina sus cabellos. Un simple gesto que acelera mi pulso cardiaco. “El maldito pervertido es tan sexi, con esa tentadora mirada que hace crecer mi excitación. Esos labios probadores que tienen el control de tener el tiempo. ¡No! ¡No puede gustarme!” —Gracias, ya tengo pareja — respondo, intentando no doblegarme ante sus encantos. — ¿Y cómo se llama? Digo, Para ir buscándolo. Entre tanta gente de clase debe haber uno que no encaje — sonríe. Ver esa sonrisa pintada en su rostro me provoca suspiros involuntarios, pero también una enorme rabia, por la manera de expresarse. —Se llama Ricardo y es hermano del estúpido que hizo esta horrenda fiesta — le informo. Cuando ese nombre entra por los oídos del extraño, su sonrisa de niño bobo desaparece por un segundo. Pero sigue sacándome de mis casillas. — ¡Mira pues! Y yo que esperaba conocer a un monumento curvilíneo como acompañante del gran Ricardo Santamaría; una diosa, ya sabes, una de esa mujer llena de atributos que te dejan tuerto de tanto mirar —suspira largamente. — ¿Qué quieres decir? —Que eres fea, amargada y pues no veo esos enormes melones apetecibles, ni ese trasero redondo —dice mirándola de arriba abajo mientras sus manos se mueven. Sin pensarlo dos veces lo abofetea con toda esa ira reprimida que lo hace tambalear. No sé por qué lo hice. —Auch, eso sí dolió. — ¡Estúpido! —expreso entre dientes. Ya estoy explotando de coraje, no quiero seguir frente a un patán. Doy unos pasos y en un segundo estoy de vuelta frente a sus labios, retornando a ese abismo de sensaciones placenteras que me condenan al sentir sus besos. Mi cuerpo se vuelve una gelatina entre sus brazos, solo han pasado unos segundos y ya mis bragas están empapadas y él no disimula en hacerme sentir su erección. “¡joder! Si qué es bien dotado” Con la poca voluntad que me queda, lo aparto. No estoy dispuesta a ceder de nuevo y aunque reacciono segundos después de volver a saborear su boca, lo aparta como de rayo dejándole un gran mordisco. —¡Diablos! —se aparta—Eso no lo esperaba, pero debo confesar que besas rico. —me sonríe mientras se limpia la sangre — ninguna otra se atrevió a tanto. Debo confesar que me has dejado muy impresionado y eso no es fácil de conseguir. — ¿Y se supone que debo darte las gracias? —Es de buena educación hacerlo —me sonríe. —Cretino, aprovechado. —No te hagas la santa, que no te queda. —¡Ay! — grito muy furiosa tapándose la cara — ¡No te soporto! —Yo tampoco soportaría alguien como tú. Eres irritante y aburrida. —¡Repítelo! —Hablo entre dientes con mi cara roja de ira. —Hasta media sorda eres, pero eso no importa, con limpiarse los oídos se soluciona—Me guiña un ojo. —Estúpido, pervertido. —Flaca, mal humorada. —¡Joder! Hago unas involuntarias pataletas provocando las carcajadas del apuesto chico. —No puedo negar que hasta haciendo eso, me agradas. ¿Cuántos años tienes niñita? — pregunta de manera burlona. Solo me queda mirar la salida y caminar de vuelta a la fiesta, cubriéndome los oídos. —Disfruta la fiesta bella gitana, fue un placer disfrutar de tus labios —me grita entre risas. —Muérete, pendejo— le respondo. Las sensaciones extrañas aún no abandonan mi cuerpo, lo que deseo es salir corriendo de ese bullicio infernal. Entonces puede distinguir a Rita platicar muy a gusto con dos hombres altos, y uno de ellos vestía esmoquin n***o, sin lugar a duda era Ricardo. “¡Dios! Ahora menos que nunca tengo ganas de conocerlo, pero ya me están mirando. ¡No! ¿Por qué? Ni modo ¡Sonríe Ale! Únicamente sonríe y acércate tranquila. Que aquí no pasó nada ¡Arranca esta página de tu historia! Ni que tuvieses la desdicha enorme de volver a toparte con ese estúpido del baño”
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD