Althaír aún se encontraba dormida y ya habían pasado tres días desde que llegaron a su nuevo hogar, Jeff aprovechó el sueño de la niña para poner orden y dar instrucciones de su cuidado, luego del funeral se sentía distinto, como si algo hubiera muerto en él y al mismo tiempo hubiera nacido otra faceta suya.
-Señora Mercedes, por favor, reúna a todos en mi oficina, necesito darles un comunicado, usted quédese cuidando de Althaír, no quiero que despierte y escuche lo que tengo que decir, ah, recuerde lo hablado, usted ya sabe mis instrucciones.
-En seguida Joven, no se preocupe, yo cumpliré con mi deber – Mercedes llamó a todos, Sara seguía con la idea de ir a buscar a Alhena y su enojo aún era evidente.
-Gracias a todos por venir, necesito decirles algo muy importante, como ustedes saben, estoy a cargo de la seguridad y cuidado de Althaír, pero esto no puedo hacerlo sólo, nuestro enemigo pronto dará con su paradero y debemos ser cautelosos, es por eso que e decidido algunas cosas y lo más importante es que e decidido cambiar su nombre, desde hoy ya no es Althaír, si no Ana, queda estrictamente prohibido hablarle del pasado, no respondan sus preguntas, de eso me encargaré yo, ella debe ser bien cuidada, debe recibir la mejor educación, su entrenamiento personal estará a mí cargo y cualquiera que intente o desobedezca mis órdenes, será desterrado o en casos muy graves, pagará el precio con su vida, yo no estoy jugando, e sido entrenado desde muy niño, soy capaz de hacer esto y también soy capaz de castigar a aquel que vulnere la seguridad de la dueña de la estrella dorada. –A pesar de solo tener 14 años, Jeff demostraba más edad, con lo sucedido debió madurar antes de tiempo, todos en la Sala lo miraban asombrados, era ya todo un hombre y transmitía una firme seguridad en sus palabras, Sara sólo miraba hacia el suelo, no quiso levantar su cabeza en ningún momento.
-Espero que hayan comprendido y no se les olvide que ahora es Ana Boreal, Althaír ya no existe ¿queda claro? – ¡sí mi Señor!, respondieron todos.
-Pueden retirarse – todos volvieron a sus deberes, menos Sara quién desafiante se acercó a Jeff.
-¿Necesitas algo Sara?
-¿Me puede decir quién es usted para cambiar el nombre de Althaír así como así?, veo que los humos se le fueron a la cabeza.
-Y yo veo que no comprendes el por qué hago todo esto, no tienes claridad de las cosas.
-¡Claro que entiendo!, no soy una tonta.
-Entonces si comprendiste todo, vas a obedecer y te callaras la boca, aquí el que tiene autoridad soy yo, no quiero más reclamos tuyos, mejor dedícate a cuidar y educar a Ana.
-¡Sólo digo que empezó mal joven Jeff, usted no puede borrar la identidad de esa niña así como así!
-¡Si tengo que cambiar el mundo completo para que ella esté segura, no tengas dudas de que lo haré!. – Sara quedó boquiabierta al escuchar tanta determinación de parte de Jeff, no lo conocía mucho, pero se sorprendía de que un niño tuviera esas agallas.
-Espero que nunca se arrepienta de esconderle a esa niña su identidad, ¿qué hará cuándo se entere?, ¿cree que ella nunca lo sabrá?.
-Los únicos que conocemos su pasado somos nosotros, no tiene como enterarse de nada, además sólo cambié su nombre, ella sabrá quién es, estás hablando cosas sin sentido, su pasado a quedado atrás, ella ahora tiene una nueva vida.
-Espero que no se arrepienta de esconder su verdadero nombre, ¿le dirá que tiene una hermana?.
-Veo que aún no entiendes Sara, ella no sabrá nada de su pasado y en ese pasado está incluida Alhena.
-¿Pero por qué?, no comprendo su actuar, ¿por qué ocultarle que no vino al mundo sola?, tiene una hermana…
-Que no sabemos si vive o ya no está, no quiero que crezca pensando en eso, necesito que tenga una vida tranquila para poder guiarla por el bien, sé lo que estoy haciendo Sara, ahora déjame solo, tengo asuntos que atender - Sara salió de la oficina enfurecida, al parecer tendría rencillas seguidas con Jeff y eso la estresaba, Jeff no fue capaz de decirle que Alhena había sido secuestrada por Abel, sabía que si Sara se entera, sería capaz de ir a buscarla y por proteger a Althaír decidió callar.
Mientras tanto Ana por fin despertó de su largo sueño, la Señora Mercedes se encontraba con ella y le habló dulcemente.
-Veo que por fin despierta la pequeña más linda de la ciudad.
-Hola, ¿quién eres? – preguntó Ana
-Yo soy quién cuidará de ti, junto con todos aquí, mi nombre es Mercedes, debes tener hambre ¿vamos a comer?, ah! Pero antes te daré un rico baño, peinaré tu cabello y comeremos algo.
-Usted es muy amable mi Lady.
- Ah! Pero que educada eres pequeña, vamos – Mercedes estaba encantada con la pequeña Ana, la baño, secó sus dorados cabellos y peino con mucho amor y cuidado mientras le cantaba canciones.
-¿Después de comer podré salir a jugar?, ¿qué lugar es éste?, no reconozco nada, es como si… ahh! – gritó Ana, de pronto la niña se alteró, Su grito se escuchó fuerte y Jeff fue corriendo a ver que pasaba, la Señora Mercedes no podía calmar a la pequeña, Jeff entró de golpe a la habitación, Ana estaba en un rincón aterrada llorando, Mercedes trataba de tranquilizarla pero era inútil..
-Mi niña, ¿qué te ocurre? Ven aquí no voy a hacerte daño.
-¿Qué sucede Señora Mercedes preguntó Jeff?
-No lo sé joven, ella de pronto se alteró al ver el lugar. – entonces Jeff comprendió que ella no recordaba nada y ese era el motivo del espanto,
-Mi Lady, por favor vaya a buscar a Sara, yo trataré de calmarla..
-En seguida joven – Ana estaba asustada, no recordaba nada y todos eran extraños, era como si derrepente hubiera despertado en seco, Jeff no sabía cómo acercarse a ella, así que probó ponerse a su altura y en voz baja y suave comenzar a hablarle.
-Hola, mi nombre es Jeff, yo soy un soldado que te cuidará mucho, dime ¿por qué estás asustada?, cuéntame. – Ana lo miraba con espanto y por el miedo no podía responder.
-De acuerdo pequeña, sé que tienes miedo, pero yo no soy malo, soy un amigo tuyo, puedes confiar en mí. – Ana se tranquilizó un poco con las palabras de Jeff
-No, recuerdo nada, ¿Dónde estoy?, tengo miedo – y rompió a llorar, Jeff vio que la tarea asignada no sería nada fácil, en ese minuto llegó Sara, que fue corriendo a tomarla en sus brazos, a pesar de que Ana ya no la recordaba, al tener contacto con ella se tranquilizó, su aroma era familiar y logró calmarse.
-Mi niña, yo estoy aquí, soy Sara y te quiero mucho.
-No recuerdo mi nombre... ¿por qué estoy aquí?
-Te llamas Ana – dijo Jeff con seguridad.
-¿Me llamo Ana?, ¿y por qué no recuerdo nada?
-Te golpeaste la cabeza muy fuerte cuando jugabas, pero no te asustes, seguro que pronto recordarás todo – dijo Jeff enérgicamente. Sara lo miraba enojada, pero decidió callar por el bien de Ana.
-Pequeña Ana, no tienes nada que temer, aquí todos velamos por tu seguridad, dale tiempo al tiempo, poco a poco vas a recordar, ahora por favor, deja que la Señora Mercedes termine de arreglar tu cabello y te presentarás en el comedor para que conozcas a todos. – dijo Jeff con voz amable, Ana seguía con dudas, pero era obediente y se sentía segura con Sara.
-Quiero quedarme con Sara, por favor – Dijo Ana con voz tierna, Sara sintió una gran ternura hacia ella y la abrazó con más fuerza – a Jeff no le quedó alternativa que aceptar la petición de la niña.
-Está bien, Sara se quedará contigo día y noche, si eso te hace feliz.
-Muchas gracias Señor.
-No me digas Señor, me haces sentir como un viejo, puedes decirme Jeff, yo no me enojaré.
-De acuerdo Jeff, eres muy amable - Jeff se sintió bien con las palabras de Ana y una sonrisa se dibujó en su rostro.- más tarde Ana ya estaba lista para salir al comedor, a presentarse ante todos, la señora Mercedes y Sara se esmeraron en vestirla con un hermoso vestido color rosa y peinar sus lindos cabellos, ambas la acompañaban, la mesa del gran comedor estaba servida, era larga, con un mantel blanco resplandeciente, un gran candelabro dorado con velas en el medio, cubiertos de plata, vajilla fina y los asientos de madera noble, pulida y brillante. Todo de lujo, el puesto extremo derecho estaba destinado para Ana y el izquierdo para Jeff, la niña no podía creer lo que veía mientras bajaba las escaleras, pero se sentía extraña, ese lugar no le era familiar, todos al verla se inclinaron ante ella incluyendo Jeff, al llegar abajo este la tomó de la mano y la presentó ante todos.
-¡Damas y caballeros, es un honor para mí, presentarles a Ana, la dueña de la aclamada estrella dorada!- todos aplaudieron y Ana no entendía nada, pero sonreía tal y como la educaron, Jeff se puso a su altura y comenzó a hablarle.
-Esta cena es en honor a ti, sé que no entiendes nada, pero ya tendremos tiempo de hablar y comprenderás todo, ¿de acuerdo?.
-De acuerdo Jeff- la señora Mercedes sentó a Ana en su sitió destinado y todos procedieron a lo mismo.- el banquete era exquisito, Ana se sintió a gusto, rió y escuchó las historias que contaban algunos de los caballeros, pero de alguna forma se sentía distinta, trataba de recordar y sólo veía sombras, eso la asustaba, pero sabía ser cortés y siguió adelante con la gran cena, fingiendo un poco la sonrisa.
Más tarde cuando ya se terminó el banquete, Jeff acompañado de algunos caballeros, llevó a Ana a conocer un poco la hermosa casa, mientras conversaba con ella.
-¿Te gusta tu casa?- Ana observaba todo encantada.
-¡Claro!, es muy bonita, de verdad que lo es- de pronto Ana se paró frente a Jeff y lo miró fijamente, este se sintió inquieto.
-¿Ocurre algo Ana?
-Sí, tengo muchas preguntas, dices que mi nombre es Ana, pero yo no me siento identificada con ese nombre- Jeff se puso nervioso
-¿Cómo ocurrió el accidente dónde perdí la memoria?- Jeff se sentía atrapado por las preguntas de Ana, tomó aire y respondió.
-De acuerdo pequeña, te sientes así extraña, porque no recuerdas nada, te caíste de... de... un árbol y golpeaste muy fuerte tu cabeza, pero con tiempo de seguro recordarás todo dijo el doctor que te revisó.
Ana no se sintió convencida con lo que Jeff le contestó, pero no le quedó alternativa que confiar en él.
-¿Y tú quién eres realmente?, ¿ cuál es tu misión?- preguntó la niña muy curiosa.
- Yo soy, quién estará a cargo de tu seguridad, de tu entrenamiento y soy el comandante de éste pequeño ejército.
Ana quedó boquiabierta con la respuesta de Jeff,
-¿De verdad eres un comandante?
-¡Claro pequeña!, sé que soy joven, pero créeme que tengo las aptitudes para ese cargo y con todo honor lo acepté.
-¿Qué es la estrella dorada y por qué les dijiste a todos que yo soy su dueña?- Jeff sabía que este minuto llegaría, así que la invitó a sentarse.
-Bueno pequeña, te lo voy a explicar de manera fácil, la estrella dorada es un poder hermoso que tienes, el cuál debes aprender a manejar y entrenar para que eso sea posible.
-¿Y por qué lo tengo yo?
-Cada mil años nace y tú eres quién nació con él, eres una persona muy importante para todos nosotros, quizás no comprendas todo ahora, pero sé que lograrás entender todo.
-¿Qué tipo de poder es?
- Uno muy grande, tan grande que también puede ser peligroso, pero tú eres una niña buena, sabrás manejarlo- Ana miró a Jeff sorprendida.
-¿Por qué dices que soy una buena niña?, si no me conoces.
- Porque si no fueras una buena niña, no tendrías esa estrella, ya que sólo una persona de buen corazón, puede tenerla.- Ana quedó boquiabierta.
-¿Y dónde está?, ¿por qué no la veo?- Jeff rió a carcajadas y le respondió.
-Para que ese poder salga, debes entrenar y tener mucha paciencia, yo tengo una estrella y me costó bastante dominarla- Ana no podía creer lo que Jeff le había dicho.
-¿Tienes una estrella?, déjame ver, por favor.
-¡Claro pequeña!- Jeff cerró sus ojos y juntó sus manos, Ana lo miraba atenta, una leve brisa rodeo el cuerpo de Jeff y un brillo color blanco empezó a salir poco a poco de su frente, la niña estaba asombrada, de pronto la estrella de Jeff brillo con intensidad y Ana tapó su rostro, hasta que el brillo se volvió estable y Jeff abrió sus ojos.
-¿Lo ves?, ésta es mi estrella, es de color blanco y representa la reconstrucción, tú poder es mucho más grande y de color dorado, por lo que es probable que no te sea fácil sacarlo, pero tranquila, porque yo estoy preparado para ayudarte, estaré a cargo de tu entrenamiento y te prometo que lo vas a lograr.- Ana estaba sorprendida
-Muchas gracias Jeff, ¿puedo tocar tu frente?
-Claro, no pasará nada.- Ana alzó su mano derecha y acercó su dedo índice lentamente, hasta tocarla, de pronto la misma luz blanca comenzó a rodear a Ana lentamente, ésta cerró sus ojos y una leve brisa cubrió a la pequeña, Jeff abrió sus ojos nuevamente y no podía creer lo que veía, en la frente de Ana comenzaba a salir una luz dorada, se quedó quieto para ver lo que sucedía, el brillo en la frente de la niña comenzó a crecer más y más, entonces Jeff se apartó de golpe, los caballeros estaban impresionados al igual que Jeff, el brillo creció tanto que todos en la casa se dieron cuenta y salieron a ver el hermoso espectáculo, la dorada luz cubrió por completo a Ana, entonces Jeff recordó cuando la Reina descubrió su estrella, ella puso su mano derecha en la cabeza de Jeff y un efecto parecido sucedió, de pronto volvió del recuerdo y vió que Ana estaba consciente y su cuerpo brillaba por completo, ella miraba sus manos y cada parte de su cuerpo, sin estar asustada ni nada parecido, solo estaba sorprendida por ese magnífico poder que dormía en ella, de pronto el brillo comenzó a desaparecer lentamente pero no logró esconder su estrella, que quedó en evidencia frente a todos dibujada en su frente, Jeff se acercó a ella para verificar su estado,
-¡Ana!... ¿estás bien?
-Tranquilo Jeff, estoy bien ¿qué fue eso?
-Creo que es tu estrella, permíteme...- Jeff vió de cerca la frente de Ana y su estrella estaba ahí, no logró esconderla.
-Ana, ¿no puedes esconder tu estrella?
-No lo sé Jeff, no puedo verme, quiero un espejo por favor.- ambos entraron a la casa, Jeff fue corriendo a buscarle un espejo a Ana , la pequeña tocaba su frente con asombro mientras observaba la hermosa estrella que era suya y que sin saberlo, sería su problema más grande, Jeff la dejó contemplarse al espejo mientras se tocaba la cabeza como señal de no saber qué hacer. La señora Mercedes y Sara estaban con él asombradas luego de ver tan bello espectáculo, pero notaron nerviosismo en Jeff.
-¿Joven, le sucede algo malo?- preguntó Sara- Jeff la miró con cara de miedo
-¡Claro!, ¿ven su frente?.
-¡Sí!- contestaron las dos
-Ana no sabe esconder su estrella, a quedado en evidencia y no sé cuánto tiempo le tome aprender, está expuesta, ahora cualquiera que la vea sabrá es que es la estrella dorada.- Sara quedó helada en cambio la señora Mercedes, salió de la oficina de Jeff y volvió con un caja llena de adornos, cintas, agujas e hilos diciendo- Yo tengo la solución joven Jeff- este la miró sorprendido.
-Haré cintillos para ella, así taparemos su frente y nadie notará su estrella, es una solución momentánea, ella ya aprenderá a esconderla.- Jeff se puso contento y abrazó fuertemente a la señora Mercedes.
-¿Qué haría sin usted mi lady?
-No es nada joven, todos debemos proteger a la pequeña- mientras Ana seguía contemplándose en el espejo, pero la señora Mercedes la interrumpió- Mi niña, acércate a mí para tomar tus medidas, haré hermosos cintillos para ti, te aseguro que te van a gustar- Ana obedeció, la señora Mercedes estuvo junto a la niña largo rato, hasta que hizo lindos cintillos, Ana estaba encantada con ellos, se los probó frente al espejo y no sabía cuál escoger, Jeff estaba muy cansado, se había dormido en la silla de su escritorio y se despertó con las risas de Ana.
-¡Cielos!, me quedé dormido, ya es hora de dormir Ana, señora Mercedes, por favor lleve a la niña a su habitación, es muy tarde.
-En seguida joven- pero la pequeña no tenía una gota de sueño.
-¿De verdad debo dormir?, es que no tengo sueño Jeff.
-Pero si usaste energía, ¿cómo no vas a estar cansada?
-No estoy cansada, quiero salir a jugar.
-Es muy tarde, no puedes salir a estas horas, ve a la cama y mañana temprano empezamos con tu entrenamiento- Ana no tenía intenciones de dormir, no sentía cansancio alguno pero era obediente.
-Está bien Jeff, que pases una buena noche, hasta mañana.- dijo Ana reverenciando frente al joven- Jeff sonrió y le respondió
-Hasta mañana pequeña, descansa- la señora Mercedes llevó a Ana a su habitación, mientras Sara preparaba su cama y la de ella, ya que la niña pidió estar junto a Sara en su habitación, Jeff pensaba en Ana y lo que había pasado, no podía sacar de su cabeza a la reina Aurora y pensaba en lo bien educada que era la pequeña, eso llamaba su atención, el hecho de no sentir cansancio después de usar gran cantidad de energía por primera vez, muchas preguntas en su cabeza, entonces recordó el libro dorado y aquellas páginas que leyó, decidió volver e leer y tratar de conocer más a la niña que ante todos era prodigiosa, pero que a él lo inquietaba demasiado, no sabía cómo empezar su entrenamiento, abrió el libro y comenzó a ojear las páginas nuevamente y encontró algo que lo sorprendió, decía textual-
-En estos años, nunca e visto una persona que haya poseído la estrella dorada y que sea feliz, es tanto poder que llega a ser aterrador, asusta a los demás y la soledad se vuelve amiga de quién la posee.- Jeff paró de leer y sintió tristeza, sin duda tener esa estrella era demasiado y sintió una clavada en el corazón por la pequeña Ana, continuó leyendo.
-Vigila su ánimo, la sonrisa no significa estar bien, si la persona que posee la estrella dorada se deprime, su poder disminuirá considerablemente y se volverá vulnerable, una presa fácil para quien la codicie con malas intenciones- luego siguió ojeando el libro y llegó a una páginas que decía leyenda- Si la persona poseedora de la estrella dorada es besada bajo la luna llena por su enemigo, esta perderá sus poderes y sólo el amor devolverá ese poder.- Jeff cerró el libro y exclamó ¡qué tontería!...-
Mientras Ana daba vueltas por la cama, y vio que Sara estaba dormida, decidió levantarse sin hacer ruido, miró por la ventana y la noche era hermosa, muchas estrellas en el cielo, con cuidado abrió la puerta y salió al balcón, había una escalera por el costado y decidió bajar la jardín descalza y sentir el césped húmedo en sus pies, no tenía sueño, comenzó a correr por todos lados feliz y saltando de alegría, sabía que si era vista, la regañarían fuerte, así que trato de que nadie se diera cuenta, llegó hasta la colina y vio hacia el horizonte, era hermoso todo, de pronto sintió que alguien jalaba su pijama, ella miró y era un pequeño duende que la saludaba amablemente.
-¡Hola amiga!, ¿cómo te llamas?, yo soy Rasle.- Ana no sintió miedo, pero le parecía gracioso.
-¡Hola!- mi nombre es Ana
-¿Qué haces aquí a estas horas pequeña Ana?, tú mamá se va a enojar mucho si te descubre.
-No tengo mamá, pero si muchas personas que cuidan de mí.
-Ah, lo siento, no sabía que no tienes mamá
-No te preocupes, no nos conocemos, ¿de dónde vienes?
-Yo vivo en el bosque, tengo muchos amigos, ¿quieres acompañarme?, prometo dejarte aquí sana y salva.
-Mmmm, no sé si debería, pero me gusta la idea.
-¡Vamos!- Ana decidió salir con aquel duende, el bosque estaba cerca de pronto llegaron y estaba lleno de arbustos, pasaron por una cueva y al final habían más arbustos- ¡Ven Ana, es por aquí!- exclamó el duende.
Llegaron a un lago dentro del bosque, era un lugar demasiado hermoso, el agua era cristalina, rodeado de rocas de cuarzo y cristales, Ana no podía creer lo que veía- ¡este lugar es maravilloso!- exclamó Ana, maravillada
-Espero que tus amigos no se enfaden por traerme aquí, yo soy una desconocida
-¡No, eres una niña de buen corazón, yo puedo ver tu aura, es por eso que te invité.
-¿Mi aura?
-¡Claro!, todos tenemos un aura, el tuyo es hermoso, nunca había visto uno igual, ¿eres una princesa o algo así?
-¡No!, no soy una princesa- en ese entonces llegaron amigos de Rasle, todos sorprendidos por el color del aura de Ana
-Mis amigos están sorprendidos por tu aura, mira sus caras.- todos la miraban asombrados y entre ellos salió el más viejo de todos los duendes, se acercó a Ana.
-¡Rasle, ¿pero de dónde salió esta pequeña con tan bello aura?
-La encontré en la colina, su nombre es Ana, Ana te presento a Tass, es el patriarca de nuestra tribu- Ana hizo una reverencia ante Tass y este se sintió halagado- Pero que niña tan educada, disculpa si nos sorprendemos al verte, pero aquí hace muchos años que no entraba ningún ser humano, ya que nadie posee un aura tan hermoso como el tuyo, eres un ser especial, puedo verlo claramente.
-Me halagan sus palabras señor, soy una niña común y corriente.
-¡No pequeña!, nosotros detectamos de inmediato a las personas malas, si te digo que nadie de este pueblo puede entrar aquí es cierto , yo sé que eres especial, eres un ser que vino con un propósito.- Ana no sabía qué decir.
-Dame tu mano, dijo Tass a Ana- Ana se hinco en el suelo y le dio su mano a Tass, mientras todos observaban, este tomó su bastón e hizo unos círculos alrededor de la mano de Ana, sacó unos polvos multicolores de su bolsillo, los lanzó al aire y unas imágenes que sólo él podía interpretar aparecieron, la cara de Tass se deformó por segundos, Ana no entendía nada, de pronto comenzó a hablar.
-Pequeña, lo más importante siempre será el amor, no dejes que el odio se apodere de ti jamás, porque perderás tu esencia, no quiero asustarte, veo muchas cosas que a su debido tiempo, podré decirte, ahora debes ser obediente y volver a tu casa-
-Muchas gracias señor, siempre soy obediente, lo que pasa es que no tengo sueño.- Tass recogió un fruto pequeño muy extraño de color rojo que tenía dibujadas letras z, come esto cuando llegues a tu casa y dormirás como nunca antes, despertarás con mucha energía.
-¡De verdad!- exclamó Ana algo incrédula
-¡Claro pequeña!, confia en mi y gracias por tu visita, solo te pedimos que no le cuentes a nadie de nuestra existencia, puedes volver cuando quieras y solo podrás entrar aquí mientras mantengas tu aura limpia y hermosa como la tienes ahora, si en algún minuto tu aura llega a mancharse, nunca más encontrarás este lugar, ni podrás vernos.
-Comprendo señor Tass, me despido, su hogar es hermoso, prometo guardar este secreto, crean en mí, muchas gracias por su invitación.
-¡Hasta pronto pequeña!- se despidieron todos de Ana, mientras Rasle cumplió su promesa de llevarla de regreso a su casa, sana y salva.
-Muchas gracias Rasle, espero volverte a ver pronto,
-Cuando quieras verme aplaude 2 veces y yo vendré ¿de acuerdo?
-¡De acuerdo!, buenas noches
-Adiós pequeña Ana, recuerda el consejo de nuestro patriarca.
-¡Lo haré, gracias!.- Ana entró a su habitación cuidadosamente limpió sus pies, se recostó en su cama y comió la fruta misteriosa que Tass le había dado y sin darse cuenta, se durmió.