Capítulo 2. Otro traje arruinado

1699 Words
—¿Qué sucede? Son solo chicos, actúan así por miedo, no se atrevan a ponerles una mano encima—, gritó Keila. —Así que usted otra vez, ¿está detrás de esto? ¿Por qué quiere arruinar toda mi ropa? ¿Cuánto les pagó a estos vándalos para que me agredieran? —, fue lo primero que dijo Álvaro después de ser bombardeado por los niños, mientras se giraba para quedar frente a ella. —Así que usted está detrás de la demolición, no me extraña, gente de su clase solo piensa en tener más poder y dinero, sin importar por encima de quién pase—hablaba mientras se acercaba a él, los hombres encargados de la seguridad la iban a detener, pero Álvaro con un gesto les ordenó que la dejaran. — ¿Va a revelar sus intenciones?, al fin ¿va a mostrarse tal cual cómo es?, qué quiere de mí alguien tan insignificante como usted—, dijo mientras la miraba fijamente a Keila, aún tenía tristeza en sus ojos, para Álvaro era solo actuación para mostrar pesar ante los demás. —Es usted el que está en el barrio donde vivo, solo quiero que nos deje en paz y suelte a los chicos—. Hablo de una forma directa, sin bajar la mirada que no se despegaba de esos ojos fríos que odiaba tanto. Álvaro con un gesto ordenó que soltaran a los chicos, mientras se acercaba más a Keila, podía oler su perfume, algo floral para su gusto, él esperaba que se atrevía a golpearlo otra vez, ya que ahora estaba preparado y no iba a permitir que ella lo humillara. —Ya está, los chicos pueden irse, pero usted, ya me debe dos trajes y una cachetada, ¿Cómo las va a pagar? —¡Idiota!, no perderé mi tiempo con usted—Keila trató de alejarse, pero Álvaro tomó con fuerza su brazo jalándola para que no se fuera. —Esta vez no se va a escapar tan fácilmente, me encargaré de que pague lo que me ha hecho. —Por favor, son solo dos trajes, tendrá cientos en su casa, ¿Por qué no lo supera? Esto enfureció aún más a Álvaro, que la atrajo más a su cuerpo, mientras apretaba con fuerza su brazo, sus rostros quedaron a muy corta distancia, los dos detallaron fijamente sus expresiones, en esa guerra de miradas no se sabía quién iba a ganar. Él podía detallar sus ojeras y sus labios resecos, tenía muy poco maquillaje y para él, ella no era una mujer hermosa y era la menos indicada para enfrentarlo siempre de esa manera. —Suélteme, me hace daño—Gritó Keila sacándolo de sus pensamientos. —Usted empezó. —Suélteme, idiota—, seguía gritando mientras trataba de soltarse de su agarre. —No se va a ir tan fácil sin que me las pague……. En ese momento una voz interrumpió con un grito. —Suéltala Álvaro—Dijo un hombre ya mayor, alto, su cabello era en gran parte blanco, él se dirigía a donde ellos se encontraban mientras miraba fijamente a Álvaro. —Abuelo ¿Qué haces aquí? —Eso te pregunto yo, ¿no se te hace tarde para la cena que está organizando tu madre? Antonio era el abuelo de Álvaro, no esperaba encontrarse en ese lugar con su nieto, pero estaba viendo la escena desde la distancia. —Abuelo…. Antes de que Álvaro pudiera terminar de hablar, Antonio ya estaba cerca de su nieto para poder conversar sin que las personas a su alrededor escucharán su conversación. —Hijo suéltala, qué pensará la gente, que los Velázquez tratamos así a las mujeres, hay muchas personas observándonos en este momento. Keila se quedó callada, miraba como los ojos de Álvaro se llenaban de furia mientras la soltaba, no pensaba que obedeciera a su abuelo. —Estoy organizando las cosas aquí antes de mi viaje. —Yo pasé para saber cómo estaban las cosas, pero no te preocupes, alístate para tu viaje, yo ya me encargaré de todo aquí. Además, tu madre nos espera y vamos retrasados. Álvaro sin decir nada más e ignorando a Keila se dirigió a su auto, Antonio lo siguió despidiéndose con un gesto de la mujer y también subió a su auto donde se encontraba su esposa. —¿Seguro que es ella? —Sí, llegó a la ciudad hace poco con su hijo, la acompaña a veces un hombre, pero es solo un amigo. —De acuerdo, ¿puedes ayudarme a acercarme a ella? —¿Estás segura de esto? —Claro, no solo le debo a su familia mi vida, sino que también me agrada como se enfrenta a Álvaro. —De acuerdo querida, como digas, vamos a casa, necesitas descansar, además Berta nos espera para despedir a Álvaro. De vuelta a la actualidad Álvaro es sacado de sus recuerdos por su madre, que le indicaba que ya habían llegado a casa, él bajó del auto y mientras se dirige hacia donde se encuentran sus abuelos para saludarlos, Berta lo detiene. —Álvaro, Elizabeth nos acompaña, no seas descortés y por favor acompáñala al comedor mientras yo verifico que esté todo listo. —Madre, es tu invitada, no la mía, yo voy a saludar a los abuelos—Dijo mientras subía las escaleras volviendo a ignorar a las dos mujeres. —No te preocupes Berta, él aún está cansado, tenemos tiempo para hablar con él, no hay afán. —Tienes razón querida—dijo tratando de tranquilizarse, pero en su interior sabía que su hijo ya no era el mismo, durante su viaje algo cambió y no podía manipularlo como antes. Mientras tanto Álvaro llega a la habitación de sus abuelos, encuentra la puerta abierta y a su abuela recostada en la cama. —Pasa hijo, te estábamos esperando— Antonio abrazo a su nieto. —Abuela te sientes mal. —No hijo, solo estoy recostada por cansancio, ya sabes a esta edad el cuerpo no responde como antes—, la anciana mujer se levanta para darle un fuerte abrazo a su nieto. —Tú sólo debes preocuparte por descansar. —Hijo, la fundación me necesita y estaré a la cabeza hasta que ya no pueda más, solo es cansancio, no me estoy muriendo. —Pero la tía Marta puede hacerse cargo…. —Es mucho trabajo para una sola persona, además la fundación trata temas delicados, no puedo dejar a cualquiera a cargo, descuida hijo, sé cómo manejarlo, sabes muy bien que es mi propósito de vida, y también lo prometí. —Hablaba con terquedad mientras se sentaba en su cama. —Como digas Abuela. Antonio los miro mientras negaba con la cabeza y una pequeña risa salió de la esquina de sus labios, sabía que nadie podía convencer a su esposa, ella siempre cumplía lo que se proponía y en este caso, tenía un motivo muy grande y para eso necesitaba acercar a Álvaro a la fundación y él por supuesto la iba a ayudar. —Por cierto, hijo, sabes que la empresa va de la mano con la fundación, aunque los negocios que tenemos en el extranjero aún no lo implementaste, aquí nada va a cambiar, el tema es delicado y solo lo trataré contigo, no quiero que tu madre se meta en estos asuntos. Álvaro sabía de lo que hablaba el abuelo, Berta no había podido manipular más las cosas durante su ausencia, después de todo por los problemas que tuvo ella y su padre, sus abuelos no la veían con buenos ojos. Durante el almuerzo el ambiente era tenso, ya que Berta no paraba de decir indirectas para que Antonio saliera con Elizabeth y para que desde ya tomará el control total de los negocios. —Berta, ¿no piensas que tu hijo es un ser humano?, necesita descansar, además, pensé que era un almuerzo familiar— exclamó Marta mirando a Elizabeth, ya que ninguna de ellas dos era de su agrado. —Marta, por favor, esta también es la casa de mi hijo y puede invitar a sus amistades, respeta que estamos almorzando. Antes de que Marta dijera algo más, Antonio levantó la voz, —ya basta, ¿podemos almorzar en paz?, no es la bienvenida que Álvaro necesita. Marta no podía aguantar más a Berta, su cuñada siempre ha sido impulsiva y no desperdicia ninguna oportunidad para escupir su veneno, no sabía cómo su hermano se había enamorado de ella. —Claro que no, él necesita ponerse al día de los negocios y poner todo en orden, es obvio que sin Álvaro al frente las cosas no deben andar bien en la compañía y en especial con el apoyo de esa fundación. —Lo que él necesita es acoplarse de nuevo al horario, fueron 4 años fuera del país, el vuelo fue largo y tiene que descansar—volvió a hablar Marta ya que no aguantaba más. Álvaro solo observaba como todos hablaban de él, sin ni siquiera preguntar su opinión, sin pensarlo más dejó los cubiertos en la mesa, se levantó y salió de la casa sin decir ni una sola palabra, Berta lo observó y corrió detrás de él. —Hijo espera, no puedes irte así, debes comer primero y Elizabeth…. —YA BASTA MAMÁ—Gritó este con desesperación, —siempre es así, esta es mi realidad, todos diciendo que debo hacer y que no, organizando mi vida sin pensar que es lo que yo quiero, ni siquiera puedo encargarme de mis decisiones. Álvaro le pidió las llaves a Leonardo que estaba limpiando el auto y salió sin importarle nada y sin un destino fijo. Berta se quedó sin saber qué hacer, al volver a la casa, Beatriz, que se mantuvo callada todo este tiempo, por fin habló. —Álvaro no necesita que nadie le indique que hacer y que no, él ya no es un niño, es libre de tomar sus propias decisiones, es por eso que insistí que se fuera al extranjero, para que tuviera algo de libertad, sin presiones—decía esto mientras miraba fijamente Berta—es mejor que lo dejemos todos en paz.
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