El eco de las risas infantiles resonaba en la mansión, un recordatorio constante de la alegría que inundaba el hogar de Noah y Dante. Sin embargo, para Darla, esa misma alegría se había convertido en una punzada de melancolía que se adhería a su alma como una sombra persistente. Han pasado ya algunos años desde que los quintillizos celebraron su quinto cumpleaños, transformándose en niños humanos llenos de vida y carácter. Y en este tiempo, la vida de Darla había tomado un rumbo inesperado, teñido por la frustración y la tristeza. El deseo de ser madre, una llama que ardía con fuerza en su interior, se había visto apagado una y otra vez. Los meses se convertían en años, y la esperanza, antes un faro brillante, se había tornado en una bruma densa y desalentadora. Cada ciclo menstrual era

