Melody cerró el móvil con los dedos temblorosos. No por miedo. Era rabia contenida… y un poco de deseo maldito.Se reclinó sobre la camilla, apretando los dientes al sentir cómo le punzaba la pierna enyesada. La caída había sido brutal. El fútbol, su desahogo clandestino, le había pasado factura. La habitación olía a desinfectante barato. Había pedido una zona apartada del hospital para evitar visitas incómodas. Aun así, su madre no paraba de rondar con su dramatismo absurdo, y su hermano zack lloraba en un rincón como si la hubieran diagnosticado cáncer. Quizás por remordimiento, había ido a sus prácticas...solo para complacerlo. Lo sintió como una deuda moral, que termino cumpliendo con una pierna fracturada. Pero nada dolía tanto como el nombre de Dimitrix brillando en la pantalla del

