—¡Ahhh...! —Tienes las tetas más lindas que he visto en toda mi perra vida. —Le confesó. Sin dejar chupársela. Tal pareciera que se estuviera amamantando. Aunque los bebés no lo hacían mientras tenían toda la v***a metida en un coño caliente. —¡Ufff!. Ahora necesito que brinques, que te la claves rico. —La estaba entrenando, para que supiera sacar un buen polvo. —¡Oh Dimitrix! —Gritaba como una perra divina y sexi. Aparte obedeció al instante. —¡Ay!. Sus tetas se empezaron a mover de arriba abajo, se le hacía más difícil chuparlas, pero no desistía. Tampoco dejó de pellizcar su enorme trasero, incluso darle sus nalgadas feroces mientras ella subía y bajaba de su v***a como la mejor de las amazonas. Tenía piernas fuertes. No sé cansaba. Por un momento se recostó más del asiento para ver

