Lamentaba mucho haber tenido que irse del supermercado; se sintió tentado a esperarla, quizás tomar como excusa la falsa caballerosidad de que debía llevarla a su casa y aprovechar cualquier motel de paso para arrinconarla...volver a metérsela. Le encantaba esa condenada. Tanto que había hecho algo que ni el mismo podía creerlo aún. Él "Dimitrix Berlusconi" el mismo que había puesto a más de una mujer a lamer el suelo por uno de sus besos. Ahora se los regalaba como si nada a una pobretona que el mismo la había degradado a una más baja escala social, dejándola sin empleo. « ¡Es que está tan rica, la melody! », el mismo justificaba su acción y el deseo enfermizo que no hacía más que crecer dentro de el. —Tio, estás muy callado ¿te pasa algo?.—Miro por el espejo retrovisor a Daisy, la cu

