—No quiero strippers, ni que te emborraches —le dijo Margot a Theo esa tarde antes de la despedida de solteros—. La boda es mañana, y te quiero esperándome en el altar. Theo le tocó el cabello rubio y rozó su nariz con la suya. —Prometo que estaré allí —dijo y ella sonrió—. ¿Qué hay de ti? Margot arrugó el entrecejo. —¿De mí? —Sí, tampoco te quiero con strippers —dijo Theo. Margot sonrió y peinó su cabello corto. —¿Celoso, Superman? —le preguntó ella. —Por supuesto —respondió de inmediato cuando ella lo miró a los ojos—. Eres mi más grande tesoro, y no te perderé. Margot sintió su corazón exaltarse cuando él la llamó tesoro. Ella nunca se consideró un tesoro, ni algo realmente valioso para nadie. Durante toda su vida la hicieron sentir menos, casi miserable por ser huérfana y

