Cassie entró primero a la tienda de campaña, y posteriormente el cuerpo de Sean llenó el espacio por completo. Era muy reducido por los bolsos de ambos y los dos sacos de dormir. Y cuando Cassie se acostó en el suyo, Sean la siguió. El espacio era tan reducido que Cassie se apretó para cederle parte de su lugar a Sean. Sean tragó saliva y Cassie se mantuvo sobre su espalda mirando el techo de la tienda. Sean apenas podía pensar en algo que no fuese el aroma del perfume de la chica. Cassie jamás dejaba sus perfumes, y después de la ducha improvisada, roció un poco en sus muñecas. El aroma mantuvo a Sean hipnotizado durante la fogata y allí dentro. Cassie sentía el calor del cuerpo de Sean junto a ella, y los pensamientos eran inevitables. Quería girar para ver si había cerrados sus ojos, p

