—¿Qué haces aquí a estas horas? —preguntó Tanner confundido. Su madre, una mujer de altura mediana y delgadez casi extrema, acomodó el bolso en su codo y señaló a su esposo junto a ella. —Salí a comer algo ligero con tu padre, y decidimos pasar a visitarte —comentó sonriendo antes de mirar a Faith y ver como llevaba el vestido mal puesto—. No creíamos que estarías ocupado. Tanner miró a su padre y luego a ella. —Lo estoy. —Ya veo —susurró mirando a Faith como si fuese un animal. La mujer, además de autoritaria, era la clase de ser humano que no entendía las indirectas. Tanner, por motivos de seguridad o emergencias, les dio una copia de su tarjeta para abrir la puerta de su casa. Era, como bien lo dijo, para emergencias, y en el tiempo que llevaba en la propiedad, solo una vez fue

