Cassie lo miró a los ojos y luego la maleta que reposaba a un lado de sus piernas. Theo dejó todo lo que debía hacer ese fin de semana, para saber de Margot. Eso para él no fue solo un fin de semana, ni un revolcón de avión. Lo que Theo sentía cuando estaba con ella, era tan distinto a algo que hubiera sentido antes, que la simple idea de que ella no le respondiera el teléfono, le dolía por dentro. —¿Theo? —preguntó Cassie. Theo asintió y Cassie cerró un poco la puerta. —¿Cómo sabes dónde vivimos? —preguntó Cassie. Theo miró los ojos claros de la rubia y supo que era Cassie. —¿Eres Cassie? —Ella asintió—. Entonces debes saber de mí. Cassie se mordió el labio. —Eso no responde mi pregunta —dijo ella. Theo se quitó la gorra y sujetó el agarradero de la maleta. —¿Podrías llamar a

