CAPÍTULO IV Hacía tiempo que habíamos planeado este viaje, a los dos nos gustaba hacer alguno de vez en cuando, pero los múltiples inconvenientes que nos iban surgiendo de cuando en cuando, no nos habían permitido tomarnos unos días, pero ya había llegado la hora, ¡no lo íbamos a dejar pasar más! Con la ilusión del que va a acometer una tarea agradable nos subimos a aquel avión. Estaba amaneciendo y el sol tímidamente se empezaba dejar ver por la lejanía del horizonte cuando el vuelo comenzó, poco a poco el avión empezó a alejarse de la tierra, atravesó una gran masa de nubes y por fin se fue poniendo horizontal, había llegado el momento del ansiado viaje, todo estaba tranquilo, las lucecitas que avisan que hay que tener los cinturones abrochado se apagaron, “todo iba como la seda”, como

