La conversación en la sala de juntas sigue entre mis “hermanos”, el abogado y mi abuelo. Todos, sobre todo Henry quien al parecer esta noticia no le ha parecido para nada lo más conveniente han replicado y hasta leído en conjunto con Liam, cada uno de los apartados del código.
Andrew solo observa en silencio mientras toma su vaso de whisky en las rocas y Noah lleva más de tres tazas de café. Yo no me he movido de mi asiento, es que realmente no sé ni qué pensar ni qué decir. Es casarme o nada.
Estoy contemplando cómo sería mi vida fuera de este mundo corporativo, bueno, con mis estudios y la experiencia sería muy probable que pueda encontrar empleo en alguna de las empresas de la competencia, quizá ya no sería COO o CEO pero si obtengo un buen cargo con una buena paga podré continuar manteniendo mi estilo de vida.
Y es que para ellos tres tampoco es que sea una gran pérdida… cada uno tiene sus mayores ingresos en lo que hacen y tienen la carrera de sus sueños, por ende perder ese ingreso sería algo ínfimo en sus haberes, lo queno me hace entender la razón de su preocupación, es que la que realmente se queda sin nada por lo que ha trabajado soy yo.
He quedado más tranquila al saber que mi madre conservaría su parte así que no tendrá que preocuparse porque le llegase a faltar algo y yo, si mi futuro se ve incierto o enredado, se que podré contar con ella hasta cuando me estabilice.
Es que elegir esposo… y no entre cualquiera sino entre ellos tres, es algo de lo cuál no me siento capaz… aunque entre nosotros no haya amor fraternal cómo tal ni vínculos de sangre.
Es que... entre ellos y yo… entre ellos y yo hay mucha historia.
Las piernas me tiemblan al ponerme de pie, el pecho me oprime y el calor del día de hoy tampoco ayuda. Siento sobre mi tres pares de ojos que me observan mientras pongo todo mi esfuerzo para levantarme de la silla en la que llevo más de una hora sentada, petrificada.
–Liam.– Digo después de mi sepulcral silencio –¿El matrimonio… si yo… si yo llego a elegir… habrá posibilidades de un divorcio sin que pierda nada?
–Lo habrá srita Schmid.– me responde. –Sin embargo éste podrá darse luego del fallecimiento del sr Meier y si usted y el elegido han tenido descendencia, sino, estaremos igual que al principio, solo hasta entonces podremos hacer uso de unas capitulaciones que se firmarían al momento del matrimonio que la protegerá a usted y su hijo o hija.
Casarme, tener un hijo o nada…
En definitiva tendré que ajustar mi estilo de vida, casarme lo entendería pero un hijo… Un hijo no es cualquier cosa.
Y es que como todas las mujeres había imaginado mi matrimonio por amor, no por contrato y mucho menos con uno de los tres hombres que tengo en frente.
–Entonces si no hay nada más de lo que debamos hablar, me retiro.– Andrew se levanta de su silla y abotona la chaqueta de su costoso traje mientras se dirige hacia la salida con ese aire de suficiencia que lo caracteriza. Voltea su rostro buscándome y cuando nuestras miradas hacen contacto me dice: –Nos vemos Amelie.
Lo veo perderse en el pasillo mientras ingresa al ascensor.
–Creo que yo también me retiro.– Pego un brinco del susto que me ha dado esa frase cerca a mi oído. Henry está a mis espaldas y yo no me di cuenta en qué momento llegó hasta ahí. Planta un beso tierno en mi mejilla y mi cuerpo vuelve a tensarse por su cercanía, toma su chaqueta deportiva mientras se despide de Liam y Noah para seguir los pasos de Andrew hasta el ascensor.
–Amelie.– Noah toma mis manos que se encuentran frías de la impresión de tantas noticias del día de hoy –Pase lo que pase Amelie, confía en mí.– Planta un beso en mis manos y me regala esa mirada tierna que lo caracteriza. Se da vuelta y me deja en la sala con Liam.
–Creo que tienes mucho en qué pensar Amelie y ahora más que nunca vas a necesitar una voz objetiva… Toma mi tarjeta, llámame cualquier cosa que necesites, desde aclaraciones en el proceso o mi más sincero consejo… pasa un buen día.– Liam se retira y me abraza la soledad de la sala.
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El día de hoy no he podido concentrarme en ninguna de mis actividades en la empresa, aún siento el cerebro en automático desde esta mañana, he estado leyendo el mismo papel hace horas y sinceramente no entiendo nada de lo que dice.
–Jefa, ¿le pasa algo?– la frase de Mía, mi secretaria, me devuelve al tiempo presente. Ya son más de las 4 de la tarde y yo no he pasado de revisar la primera página de todos los documentos que trajo, ni siquiera me paré a almorzar.
–No Mía, no ha pasado nada, ¿por qué lo dices?– me hago la desentendida y continuó viendo las letras en frente mío.
–Es que cuando usted se abstrae del mundo de esa manera es porque algo grave pasó… y… la reunión de esta mañana, tan extraña con los accionistas… ya se escuchan algunos rumores de pasillo de que venderán la empresa… acaso… ¿nos quedaremos sin trabajo?
La pobre Mía me mira con extrañeza. No me había percatado de que todos se dieron cuenta que lo de esta mañana no fue una reunión normal y que me había afectado más de lo que realmente quisiese. La tranquilizo y ella se retira no muy convencida con mi explicación, pero le dejé claro que sus puestos no están en peligro y que se los haga saber a todos.
–Mejor me voy.– Me digo a mi misma en voz alta y empiezo a recoger mis cosas a ver si una ducha, ejercicio y algo de comida me ayudan a aclarar el panorama.
Llego a mi apartamento en Seefeld, un tranquilo barrio frente al lago de Zurich, del cuál tengo una hermosa vista desde mi PH, tiro desprolijamente mis zapatos y ropa hasta quedar únicamente en mis bragas y top de interiores.
Tumbo mi cuerpo sobre el abullonado sofá que da la vista hacia el lago con una enorme copa de vino tinto.
Ay por Dios… tengo que casarme…
–Si hubiese sabido que el código de vestir sería ese estaría más acorde a la situación.
Esa voz…
Me levanto de un salto y tiro la copa que tenía en mis manos, me quedo muda por unos segundos tratando de conectar el qué hacer con el qué decir.
Andrew está aquí, parado frente a mí con su imponente mirada azul zafiro. Traga saliva por mi apariencia pero no desvía su mirada a ninguna parte de mi cuerpo diferente a mis ojos y mi rostro enrojecido, veo como su nuez de Adán sube y baja y enarca lentamente su ceja izquierda ante el hecho de que sigo en paños menores frente suyo.
–Lamento haber entrado con la llave de emergencia…–¿Cómo sabía él de la llave de emergencias? –pero… soy conciente de que si te decía que vendría no querrías hablar conmigo, sin embargo Amelie creo que tenemos una decisión que tomar.
Una decisión…
–Tu no tienes ninguna decisión que tomar Andrew… la decisión es mía, el abuelo lo dejó claro.– le digo mientras tomo mi camisa nuevamente y me la pongo, abotonándola hasta arriba como una forma de mostrar más seguridad.
–Tienes razón… pero esa decisión también me concierne, aunque no lo quieras aceptar…
–¿Acaso te importa? Hace mucho dejaste claro que cualquier cosa que pasara con esta niñata– le digo señalándome –no era de tu incumbencia, entonces ahora eres el hermano preocupado, sabes, actuar nunca fue lo tuyo.
En un abrir y cerrar de ojos Andrew se pone frente mío y toma mis brazos con firmeza pero sin ejercer ningún tipo de presión dolorosa. Su rostro se encuentra a centímetros del mío y su mirada está fija en mis ojos. Esa barba prolija, ese corte perfecto, este aroma masculino y sutil… mi corazón late entre miedo y emoción…
–Melie…– traga lentamente y no puedo evitar seguir detallándolo. –Tu tienes el poder de destruirme y lo sabes… ¿Aún crees que esto no me concierne?
Siento su aliento muy cerca de mí, sus labios delgados y perfectos me rozan y cierro los ojos pero para llenarme del suficiente valor y apartarlo unos metros…
Andrew entiende mi lenguaje corporal y toma su chaqueta y sale de mi apartamento sin que yo me voltee a mirar su partida…
El poder de destruirlo… ¿Habrá llegado la hora de hacer valer ese poder?
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Luego de la partida de Andrew decido salir al lago a trotar un poco, hay que despejar la mente y el cuerpo para ser más objetivo al momento de tomar cualquier decisión.
Visto mi ajustada ropa deportiva y aprovechando el clima cálido que aún se conserva a pesar de ser las 6 de la tarde bajo a recorrer el hermoso lago Zurich como muchos otros que a esta hora se acercan a hacer deporte.
Ajusto mis airpods y reproduzco Highway to hell de AC/DC
Qué ironía… porque si, con todo esto estoy en camino al infierno…
Mientras corro la imagen de la cercanía de Andrew en mi apartamento hace unos minutos no se me quita de la mente y esa frase, de que tengo el poder para destruirlo… a qué mierda se refería… si él y yo…
–¡Auch!– mi culo cae contra el césped húmedo de alrededor del lago. Acabo de tropezar con algo o alguien que por estar absolutamente absorta en mis pensamientos ni me fijé que estaba enfrente de mí.
–Amelie, ¿Te encuentras bien?
Cómo que hoy nadie va a dejar que me olvide de la reunión de la mañana.
–Henry ¿Qué haces aquí? Este es un lugar público.
–Cierto, vamos.– me extiende su mano para levantarme y la tomo. Él literalmente me jala hasta llegar a su automóvil BMW n***o totalmente polarizado.
Me abre la puerta del copiloto para que ingrese y lo hago porque sé que aunque me niegue me meterá así sea a la fuerza.
–Perdona, la verdad no te ví y no te escuché, por eso tropecé.– le dije mientras me acomodaba en el asiento del copiloto y él se acomodaba en el suyo.
–Me di cuenta, pero es lo que sueles hacer cuando algo se te sale de las manos, estoy bastante acostumbrado.
–-Entonces, cómo viste, trato de hacer algo de ejercicio así que si no te importa me gustaría ir al grano
–Dura y fría como siempre
–Ya me conoces.– le respondo encogiendo mis hombros y girando mi cabeza para mirar hacia la calle.
Un largo suspiro sale de la boca de Henry, uno que definitivamente hace que tenga que mirarlo para entender el por qué.
–Amelie yo… yo te debo una disculpa…
–¿Una sola?– bufo y niego con mi cabeza, a veces hay personas que se pasan de cínicas, este hombre no es la excepción.
–Lo sé, pero aún así quiero que sepas que nada ha cambiado, nada de lo que siento por ti
–¿Te dignas a hablar de sentimientos? Por Dios Henry ya madura, tu no quieres a nadie más que a ti mismo.– me giro, no estoy dispuesta a continuar con esta conversación y abro la portezuela cuando su mano me jala hacia él evitando que salga pero es tal la fuerza que aplica que termino con mi cabeza en sus piernas.
Su mirada azul cielo y ese cabello rubio que enmarca su rostro cincelado me observan desde arriba. Sus manos acunan mi rostro y de pronto posa sus labios sobre mi frente. Su calidez, que puedo sentir con ese gesto acelera mi corazón.
–Yo sé que lo que hice no fue lo correcto Amelie…– lo dice sin soltar mi rostro y sin dejar de mirarme. –Pero te lo debo y si es lo que tú quieres yo estaré contigo el resto de mi vida…
Oh no… ¿Esto es una declaración?
Empujo con mis pies la portezuela de su auto y me escabullo de él. No, yo no estoy dispuesta a tener esta conversación, por lo menos no hoy.
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Llego nuevamente a mí Penthouse dispuesta de verdad, esta vez sí, a relajarme. Lleno la tina con sales y aroma a lavanda que me encanta y nuevamente una copa rebosante de vino tinto.
El ping de mi celular me saca de mi ensoñación.
El que faltaba… Noah…
Noah: Hay alguien allí con vida?
Amelie: (emoji de p**o)
Noah: Imagino que mis hermanos ya te atosigaron…
Amelie: En serio? No me había fijado
Noah: Jajajaja son incorregibles
Amelie: Si, parece que es una cosa de genética…
Noah: Perdona… esa no era mi intención
Amelie: Ya que… solo quiero que acabe pronto este día
Noah: Amelie… sabes que puedes confiar en mí, verdad?
Es cierto, siempre he podido confiar en Noah…
Noah: ??
Amelie: Lo sé…
Noah: Entonces deja que la confianza haga su trabajo… Te quiero…
Amelie: También te quiero