Después de todo, Toby era su perro; siempre lo había sido. Y a pesar de todo, extrañaba cuidar de ese saco de pulgas, así que sin más le dije al dependiente de la tienda de mascotas que pusiera al gatito en una caja, que me lo iba a llevar. No tenía intención de pagar los trescientos dólares que costaba, pero a la larga ese precio terminó pareciéndome demasiado bajo para el apoyo silencioso que Walter representaba en mi vida. Ninguna vida debería tener un precio, para empezar. Ahora, ¿no es patético? Refugiarse en un animal para enmascarar el dolor. Bueno, era la mejor idea que se me ocurrió para romper la monotonía, Walter traía variedad a mis días, y sus travesuras me hacían reír. ¿Y por qué estoy siendo tan tediosa con la historia de un gato adoptado? Quizás porque ver a ese pequeñ

