Alexander confiaba en que lo ayudaría al menos con sus hijos. Y ambos eran pequeños. Me sentía desalmada, reduciendo a los niños a meros sujetos de análisis. No podía evitarlo, supongo, ya que seguía preocupada por todo lo que quedaba sin decir: sobre el paradero de la madre, la razón de los disparos que había recibido el padre, y peor aún, quién le había disparado y dónde estaba esa persona. ¿Por qué necesitaba enmascarar su olor colgando ruda por toda mi casa? ¿Tenía algo que ver con quien lo había herido así? Alexander no había dado muchas pistas, pero sentía que sí. Ese enemigo, ¿era como él, una criatura superior? Volvía a tener miedo, pero ya no de Alexander y su naturaleza, sino de lo desconocido. Lo primero que quería hacer era bajar y preguntarle todo eso, pero me faltó valor y p

