—De acuerdo. Un gato —dije, con un suspiro—. Los ramos de ruda que pusiste en mis puertas y ventanas están destinados a mantener a este ser alejado de ti. Así que no puede olerte. —Es un jaguar de pelo n***o, en realidad —especificó Alexander, en un tono convencido—. Y sí, creo que ya acordamos que la ruda tiene un olor muy fuerte. Descubriste el resto por tu cuenta. Puse la carne en la tabla de cortar y busqué el salero, luego revisé el estante de especias, buscando especias italianas provenzales para darle más sabor a la preparación. ¿A los hombres lobo les gustarán los condimentos? Qué idea. Pasaron unos momentos de quietud, tiempo suficiente para preparar la carne, colocarla en una bandeja y encender el horno de la cocina para que comenzara a calentarse. Hasta que escuché su risa tr

