Abigail —Hola, Abby, ¿lista para salir? He tenido antojo de alitas y papas con queso todo el día —Andreina asomó la cabeza por la puerta de mi oficina con una sonrisa entusiasta, y yo me recosté en la silla con una sonrisa divertida. —¿Tal vez estás embarazada? —Su jadeo de sorpresa y la mirada gris entrecerrada que me lanzó indicaron que no le hizo tanta gracia el chiste como a mí—. ¿Perdón? —No habrá bebés hasta después de la boda —repitió. De hecho, lo decía tanto que ya se estaba convirtiendo en su mantra para todo Pilgrim, que moría por saber cuándo habría otro bebé—. Entonces, ¿estás lista o no? —No —dije con mi mejor expresión de disculpa—. Estoy trabajando en un nuevo programa para ayudar con nuestros casos difíciles, como el de Magnus, y me está absorbiendo toda la concentraci

