Capítulo 7: "Soy el tipo de todas"

2441 Words
- Eres un estúpido. – le susurré entre dientes a Eric, inclinándome un poco hacia él. Estábamos sentados – completamente manchados de pies a cabeza de comida – en dos sillas en frente del escritorio del director, con él sentado justo frente a nosotros buscando unos papeles en sus cajones e investigando nuestros "expedientes escolares" en su computadora. Noté de reojo que Eric estaba sonriendo disimuladamente. No entendía cómo podía ser el hecho de que estaba muy tranquilo respecto a todo aquello.Yo estaba más que tensa de pies a cabeza, seguramente eso se debía al hecho de que era la primera vez que entraba en esta oficina, y más aún por problemas. Yo estaba acostumbrada a pasar desapercibida la mayoría del tiempo. Si me metía en problemas, era lo suficientemente inteligente para salir ilesa de ellos. Pero esa vez, al parecer no. Y todo se debía a que ese problema tuvo que ver nada más y nada menos que con Eric Brennett. - Y tú eres una malcriada pasiva agresiva. Pero más agresiva. Quise insultarlo de vuelta, pero el rector golpeó su escritorio con un manojo de muchos papeles, haciéndome cerrar la boca al instante. Me quedé en silencio y helada. Él nos miraba como si estuviera a punto de comernos con los ojos. Nos observaba como diciendo: "Yo puedo acabar con su vida en este momento". Y definitivamente le tomaba la palabra en el asunto. - Señor Brennett, no me sorprende verlo aquí. No ha pasado tiempo, por desgracia. – fue lo primero que dijo el rector. - Michael, siempre es un gusto verte.—Eric sonrió sin mostrar los dientes y asintiendo con la cabeza relajada. No entendía por qué Eric trataba al director como si fueran amigos desde siempre. Me dije mentalmente de que, seguramente, había estado tantas veces aplastando el culo en ese asiento que seguramente se habían vuelto los mejores amigos. Los ojos del viejo arrugado que tenía en frente se posaron en los míos y me enfríe totalmente. Simplemente mis ojos se abrieron como platos mientras el rector examinaba mi rostro. - Y a usted, ¿Por qué no la conozco? – me preguntó, escuché la risita de Eric a mi lado. - Es la primera vez que me meto en un problema. Es decir, jamás he estado aquí en estos tres años y... - Prácticamente es invisible. - Eric me interrumpió a mitad de la oración. Lo fulminé con la mirada. El director puso los ojos en blanco ante sus palabras y me sorprendí por el hecho de que actuaban como si tuvieran una relación de confianza de hace bastante tiempo. Aunque no me sorprendió el hecho de que hasta para el pobre viejo Eric resultase insoportable. - Está bien, señorita Drake – dijo finalmente apartando la mirada de los papeles –.Como es la primera vez que la veo aquí, la dejaré ir en paz – suspiré aliviada y completamente agradecida. Se dirigió a Eric –. Y usted, señor Brennett, podrá irse con ella solo esta vez, por ser la primera vez que lo veo en el año. Y, más que nada, porque no tengo formas de comprobar que ustedes fueron los creadores de la batalla que se llevó a cabo en la cafetería. Además, no tengo energías para lidiar con usted, Brennett - Eric sonrió victorioso y el rector suspiró pesadamente apuntando hacia la puerta -. Váyanse. Antes de que me arrepienta. Me puse de pie mientras le agradecía una y otra y otra vez por dejarme ir sin ningún castigo de allí, ni siquiera nos encargó limpiar la cafetería, lo que era de verdad bastante sorprendente. Pero supuse que esa era la primera y última de la que salimos ilesos.  Si relacionarme con Eric me traería este tipo de problemas, de verdad no quería tener nada que ver con él nunca más.  Así es, quizás había perdido mi virginidad con él. No acostamos y no recuerdo nada de lo que pasó, pero eso no tiene nada que ver con el hecho de que hablemos cada vez que nos crucemos, o que discutamos todo el tiempo. Me limitaría a ignorarlo como lo hacía antes, y todo volverá a la normalidad en mi vida. Salí de la oficina y empecé a caminar por el pasillo de la escuela dirigiéndome a la salida, ya que claramente iría a mi casa, me ducharía y me quedaría todo el día haciendo nada. - Val. – escuché la voz de Eric a mis espaldas y apresuré el paso, pero al parecer no se daba por vencido ya que seguía gritando mi nombre y pidiendo que me detuviera. En un momento dado sentí como me tomaba con fuerza del antebrazo. Me di vuelta para enfrentarlo, pero de un momento a otro en menos de dos segundos él nos adentró uno de los armarios de los conserjes. Un armario demasiado pequeño, ya que estábamos casi completamente pegados cuerpo con cuerpo. Sus ojos estaban fijos en los míos, y sentí como me sonrojaba, lo cual odié con todo mi corazón. Me aparté de él casi bruscamente y me crucé de brazos mientras aclaraba la garganta. Intenté salir del pequeño lugar, ya que de verdad me estaba asfixiando, pero una de las manos de Eric me sostuvo de la muñeca y la otra de la cintura, forzándome a encararlo de nuevo. - Necesitamos hablar. – fue lo que dijo. Aunque no quería hablar con él supe que estaba en lo cierto, y de verdad odiaba que tuviera la razón. Me gustara o no teníamos que hablar. Tenía una o dos preguntas que hacerle, porque no toleraba quedarme con dudas acerca de nada. No le haría preguntas del estilo: "¿Estuve bien? ¿En qué posición lo hicimos?" o cosas por el estilo. Jamás me daría la cara para mirarlo a los ojos y preguntarle esas cosas, pero si podía preguntarle algo que nos comprometía a los dos. - Ok, tienes razón. – admití y los ojos de él se abrieron como platos ante mi actitud para nada testaruda –. Tengo una pregunta... - ¿Cuál? – parecía dispuesto a contestar a cualquier cosa y eso en cierto punto me gustó.  Me distraje un instante con su rostro, que estaba demasiado pegado al mío, demasiado cerca. No pude evitarlo y me tomé un pequeño tiempo para admirarlo por primera vez de cerca. Su mentón era cincelado y su nariz algo pequeña, sus cejas eran finas pero muy oscuras y su cabello desde se veía sedoso y hermoso. Sus pestañas eran largas y oscuras al igual que sus ojos, que estaban fijos en los míos en ese momento esperado expectantes para que hablara. Aclaré la garganta antes de hablar y desvíe por in mis ojos de su rostro. - Verás, no recuerdo nada de lo que pasó esa noche – empecé a hablar retorciéndome las manos –. Así que prácticamente no sé si tú... ya sabes, si tú utilizaste... eso que... - me estaba trabando demasiado con mis palabras y a él le causaba gracia –. Lo que quiero decir es si... ¿Utilizaste condón? – esas últimas palabras salieron de mi boca abruptamente y casi ni yo misma me entendí cuando hablé. Y como no podía esperar nada más de él, empezó a reírse a carcajadas, lo cusl no hizo más que molestarme mucho más de lo que ya estaba. Un muy mal pensamiento me cruzó por la cabeza cuando lo vi reír. Sus ojos se achinaban y en la esquina de estos se formaban arrugas. Sus dientes de verdad que eran muy blancos. Me pareció muy atractivo en ese momento, pero no era algo nuevo que recalcar o aceptar. Eric Brennett, muy a mi pesar, me gustase o no, era uno de los chicos más atractivos que había visto. Su belleza no era deslumbrante, no tenía los ojos claros, ni el cabello rubio, ni el cuerpo más formado de todos, pero tenía lo suyo. Una manera de ser apuesto a su estilo, una belleza común pero innegable. Seguramente desde una perspectiva externa, yo luciría como un gnomo despeinado a su lado. Cuando por fin recuperó el aire en sus pulmones se decidió a hablar. - Val, ¿En serio no recuerdas nada? – me preguntó bastante sorprendido y divertido. Negué con la cabeza y el bufó llevándose las manos al cabello –. Bueno, en realidad, no tienes nada que recordar. Sus palabras me golpearon bruscamente. Me quedé unos segundos en silencio tratando de entender lo que me había dicho. Porque mi cerebro por las mañanas no funcionaba exactamente bien, y en ese momento no asimilaba correctamente nada. Pero, finalmente, cuando terminé comprendiendo a lo que se refería me sentí estúpida por estar encerrada con él en ese armario. Me sentí estúpida por creer como por cuatro días que algo podría haber llegado a pasar entre nosotros, y más estúpida me sentí cuando lo vi sonriendo de una manera tan divertida que me entraron ganas de molerlo a golpes en ese preciso momento. Fruncí el ceño mirando a sus ojos, confundida. - Quieres decir que... - mi lengua se trabó –. Lo que quieres decir con eso es que entre nosotros, ¿Nunca sucedió nada? – Eric se llevó las manos a los bolsillos de su chaqueta negra y negó con la cabeza mientras reía por lo bajo. Fruncí el ceño -. ¿Y entonces como explicas el dolor de...? - ¿De piernas? – preguntó incrédulo, soltó una carcajada y yo me crucé de brazos –. Tú estabas con mi hermano. De verdad borracha. En un momento te desmayaste, él te subió al auto y te llevó a casa. Despertaste cuando llegamos y vomitaste toda tu ropa – ahí estaba la explicación del hecho por la cual cuando desperté no estaba vestida con mi ropa –. Luego quisiste caminar por tu cuenta y te caíste de culo por las escaleras. Tuve que contenerme para no colapsar en ese pequeño armario. Me había estado preocupando todo el maldito fin de semana por el hecho de creer que nos habíamos acostado y miles de ideas fatídicas se pasaron por mi cabeza. Para que luego, como si nada, él me dijera que en realidad no sucedió nada.  ¿Por qué había mentido al respecto? ¿cuál fue su intención o necesidad de hacerme creer una mentira tan estúpida como esa? Definitivamente, era un imbécil inmaduro. - Eres un idiota. – fue lo último que dije antes de salir disparada del pequeño cuarto del conserje, que empezaba a tener un olor horrible por el hecho de que los dos estábamos repletos de comida de pies a cabeza. Juro que hasta yo veía como salía el humo de mis orejas. Estaba de verdad muy furiosa. No por el hecho de que no hubiera pasado nada, o por el hecho de que él se hubiera tomado todo eso como un juego, porque hasta yo me lo hubiera tomado bien si me hubiera dicho algo. Estaba furiosa por el hecho de que me mintió por como cuatro días. Me hizo creer que habíamos tenido sexo. Odiaba que me mientan. Podrían hacerme mierda con toda la verdad del mundo, pero no toleraba las mentiras.  Sentí una de las frías y enormes manos de Eric de repente, me giró bruscamente hacia él y estuvimos tan cerca que nuestras narices chocaron. El aire se trabó en mis pulmones unos segundos, me sentí completamente invadida. Pero por alguna razón no me aparté de él, sus ojos cafés me tenías completamente hipnotizada. > - ¿En serio te parece tan horrible si quiera pensar en el hecho de acostarte conmigo? – hablaba en voz baja, y los vellos de mi nuca se erizaron por nuestra cercanía. - No eres mi tipo. – espeté.  Y es que no lo era, a mi me gustaban los chicos con cerebro, y con los cuales no todas las conversaciones siempre se basaran en cómo estaba su cabello. Me gustaba que tengan algo dentro de su cabeza en vez de un ego que rozara la estratosfera. Eric no cumplía para nada ninguno de los requisitos para atraer mi atención. O al menos eso esperaba. - Soy el tipo de todas, bebé. – dijo con una media sonrisa curvando en sus labios. - Eres el tipo de las huecas. Y lamento informarte que yo tengo algo más que mierda en la cabeza. – estaba hablando entre dientes. Él cada vez se acercaba más a mí y por alguna estúpida razón no me quería apartar de él, ni apartar mis ojos de los suyos, quería demostrarle que era la que controlaba la situación. - Oh, por favor, Val – susurró –. Admite que te gusto, y que tengo ese algo que no sabes cómo explicar que te gusta de mí. Aunque me consideres un idiota, te gusto.  ¿Tanto amor propio, tanta confianza y tanta autoestima tenía que tener encima como para creer que cada ser humano que asistiera a nuestro instituto se sentiría atraído hacia él? - Me gustaría que te pase un camión por encima – sonreí falsamente –. Además, ¿Para qué quererte a ti, si hay una persona muchísimo mejor que tú? – pregunté entrecerrando los ojos, sabiendo que iba a pegarle donde más le dolía: el ego.  Sonrió incrédulamente. - ¿Ah, sí? ¿Quién? – su voz sonaba retadora. Juro que no podía creer el ego tan grande que tenía, era verdaderamente despreciable. Como si hubiera sido mandado por Dios y todos los Santos del universo, él susodicho apareció a nuestro lado con una gran sonrisa. - ¿Qué pasa, calabazas? – saludó sonriente de oreja a oreja riéndose por su juego de palabras. Mis ojos se posaron en él y noté que estaba más repleto de comida que Eric y yo juntos.  Mis ojos viajaron a Eric retadoramente y sonreí creída. Me aparté de su agarre con fuerza y me acerqué a Gregg con una media sonrisa, no una coqueta ni nada parecido, sino una de amigos, porque eso era lo que éramos, pero sabía que si usaba a Gregg para molestar a Eric, a él no le molestaría incluso, me ayudaría. - ¡Gregg! – saludé alegremente. Mis ojos se clavaron en Eric –. Aquí tienes tu respuesta. – le dije sonriente. El ceño de Brennett se frunció completamente y me observó de arriba abajo como a su amigo. Gregg pasaba la vista de él a mí, de él a mí, y así sucesivamente. - Okey. No sé qué está pasando aquí pero – me miró –. Val, la profesora me ha echado de la clase, así que... ¿Quieres que te lleve a casa? Sonreí de oreja a oreja. - Claro, gracias. Le dimos la espalda a Eric y empezamos a caminar hacia la puerta de salida del instituto, y cuando estábamos a punto de salir, escuché que Eric gritó: - ¡No me doy por vencido tan fácil! Bueno, pronto ya cambiaría de idea, porque si existía una persona cabeza dura en el mundo, esa definitivamente era yo. Y definitivamente no caería jamás en los supuestos encantos de Eric Brennett.
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