Capítulo 23: "¿Celoso, Brennett?"

2958 Words
- ¡Son unos idiotas! - grité cerrando la puerta de mi casa con fuerza. Eric me miró con ojos fulminantes, tenía una mano en su boca y otra en su costado izquierdo. Gregg, en cambio, me observó con ojitos de cachorro, como pidiéndome perdón. Brennett y Miller eran dos polos completamente opuestos, no entendía cómo eran mejores amigos.  Suspiré mientras caminaba hacia el living con los otros dos idiotas detrás de mí. Eric se sentó en sillón de la esquina, y Gregg en el sofá que estaba en el medio del lugar. Puse los ojos en blanco recordando lo sucedido hace menos de treinta minutos. Luego de que ellos se mataran a golpes, llegaron los guardias y los echaron del bar, y yo, que no iba a dejar que se mataran afuera también, los seguí. Obligué a Gregg que condujera a mi casa, y obligué a Eric a subirse al auto de Gregg. Por suerte Zach estaba allí para encargarse del auto de su hermano menor. Me crucé de brazos, de pie enfrente de los dos imbéciles. - Son unos estúpidos. - espeté. - ¿Disculpa? - dijo Brennett con sarcasmo - No, no te disculpo. - Eric puso los ojos en blanco ante mis palabras. Miré a Gregg -. ¿Pueden decirme por qué mierda estaban peleando? - No es asunto tuyo, Drake, no te metas. - me dijo en tono brusco Eric. Apreté la mandíbula, y miré expectante a Gregg, el se encogió de hombros negando con la cabeza. - Un problema entre nosotros, Val, no tienes que preocuparte. - dijo a penas.  Iba a obligarles a que me dijeran que había pasado, pero el rostro de Gregg estaba de verdad magullado. Su labio inferior seguía sangrando y su mejilla se estaba tornando morada. Eric en cambio no estaba tan mal, simplemente un corte en la ceja y otro en el labio. Gregg se pasó una mano por el rostro. - Tienes un gancho poderoso. - comentó divertido mirando a Eric. Este rio un poco. - Te he partido el trasero en cada una de las peleas que tuvimos, Gregg, eso no cambiará ahora.  Gregg soltó una carcajada ante sus palabras. No entendía nada en absoluto, pasaban de estar matándose en el piso a reírse por bromas sobre la respectiva pelea. Y después dicen que las complicadas somos las mujeres. Fui a buscar gasa y alcohol al baño, una pomada desinflamatoria y algo así como pastillas para el dolor, no podía dejar que se les pudriera el rostro, así que ahora tendría que ser una enfermera y de paso niñera, todo en el paquete. Cuando bajé, simplemente me encontré con Brennett tirado en el sofá con una mueca de dolor en el rostro. Me acerqué a él con paso despreocupado, y al llegar a su lado me senté en la mesita de madera que estaba enfrente del sofá. - ¿Y Gregg? - pregunté mientras sacaba las cosas de sus paquetes. Sentía los ojos fijos de Brennett en mí, lo cual me ponía nerviosa. - Está hablando con su mamá, creo. - respondió. Lo miré, y al hacerlo me di cuenta que había cambiado su posición: ahora estaba sentado con los codos en sus rodillas, mirándome divertido y provocador -. ¿Jugaremos al doctor? ¿Sanarás todas mis heridas, nena?  - Te romperé aún más ese labio si no dejas de decir estupideces. - le sonreí falsa, sin mostrar los dientes. Eric sonrió un poco más. - ¿Cómo lo harás? - preguntó -. ¿Me besarás intensamente y luego morderás la herida? ¿O harás que mi boca trabaje en otra parte más interesante de tu cuerpo?- sus ojos estaban fijos en los míos, y esa sonrisa de costado seguía ahí. Me sonrojé un poco al imaginarme la escena de lo que había dicho, y claramente él lo notó, y por esa razón puse los ojos en blanco. - Cierra la boca y déjame trabajar. - le dije y mojé el algodón con alcohol. - ¿Trabajarás con mi cuerpo, Val? - preguntó en tono provocativo, lo miré -. Porque hay una parte de mi cuerpo que estaría encantada con eso.  Estaba pesado y el olor a alcohol se le sentía hasta donde estaba. Quería escupirle en la cara, pero en vez de hacer eso, llevé una de mis manos a su muslo, y sin apartar mis ojos de los suyos la fui dirigiendo lentamente hacia su entrepierna. La sonrisa de costado de Brennett no flaqueó en ningún momento, y mi rostro sin expresión tampoco. Cuando mi mano estuvo a dos centímetros de llegar a su entrepierna, con un arranque de valentía le di un golpe en sus partes. La boca de Brennett se abrió en una perfecta O, sus manos viajaron a la zona dañada y sus ojos se cerraron con fuerza por el dolor. Tomé su rostro entre mis manos, sonriente, y empecé a pasar el algodón por su ceja lastimada. - ¿Te callarás ahora? - pregunté, con tono divertido.  Brennett no dijo ni una palabra más, y cuando terminé de limpiarle la cara, él se puso de pie y subió las escaleras sin decir nada, supongo que para ir al baño. ¿Ven lo que digo? Eric puede estar un segundo completamente feliz, juguetón, idiota y engreído, pero al siguiente puede estar aburrido, con cara de culo y hasta callado, y soporto más a un Brennett hablador que callado.  No pudo evitar pensar que a mi también me estaba divirtiendo ese jueguito suyo. Me gustaba que Brennett pensara que podía jugar conmigo, cuando en realidad es completamente al revés. Eric Brennett no estaba acostumbrado al rechazo, y admito que decir que yo lo rechazaba era completamente estúpido, porque si lo rechazara no le hubiera dado mi virginidad, pero ese no es el punto; el punto es que él no sabía lo que era que le paguen con la misma moneda, no tenía la más mínima idea de lo que era ser tratado simplemente como un juguete, algo así como basura. Porque créanme cuando les digo que Brennett ha hecho sentir así a miles de chicas, incluida yo.  Pero ahora el juego da un giro inesperado, ahora la que va a jugar voy a ser yo, no sé como lo voy a hacer, pero haré que se vuelva loco, seré tan impredecible que él vendrá rogando una maldita explicación... Me convertiré en Eric Brennett. Me convertiré en su falso juego favorito. Dejé de pensar en todo aquello cuando escuché la voz de Gregg. Lo miré, llevaba su móvil en una mano y el cabello desordenado, seguramente porque se había pasado la mano por la cabeza. - Me tengo que ir. - informó con un deje de voz triste. Hice un puchero. - ¿Qué? ¿Por qué? - le pregunté poniéndome de pie. Gregg suspiró y me abrazó por la cintura, pegándome a su cuerpo, tuve que elevar la cabeza para poder mirar su rostro. - Mi mamá se ha vuelto loca, quiere que vuelva a casa ahora mismo, dice que quiere ver como dejaron el rostro de su bebé. - puso los ojos en blanco y reí ante las palabras. - Sigues siendo atractivo. - me encogí de hombros con una media sonrisa. - ¿Cómo haces para ser tan malditamente tierna sin siquiera intentarlo? - sonrió de oreja a oreja, y segundos después, sus labios se chocaron con los míos despacio, tomándome algo desprevenida. No quise lastimar aún más su labio, así que simplemente lo besé lentamente, lo cuál pareció encantarle ya que sonrió a mitad del beso. Gregg me encantaba, era tan malditamente tierno y dulce que era imposible no sentirme un poco atraída hacia él.  - Ahora, sí. Nos vemos dentro de unas horas, muñeca. - se despidió y me dio un último beso en la nariz, haciéndome reír. Cuando Gregg cruzó la puerta de la casa, suspiré y levanté el rostro hacia la escalera, observé a Brennett bajar las escaleras con paso lento y las manos en los bolsillos de una sudadera color gris, que reconocí era de Matthew. Caminé hacia el living y me tiré en el sofá, de nuevo, Eric y yo solos. ¿Qué saldría de esto? Eric se tiró a mi lado también. - Siempre nos quedamos a solas, creo que el destino está diciéndonos algo. - bufé ante sus palabras. - Seguramente quiere que te estrangule y luego te corte en pedacitos. - lo miré sonriente, enarcando una ceja, él rió. - O quiere que nos acostemos de nuevo. - elevó una ceja, con los ojos divertidos. Reí un poco. - El destino no sabe una mierda. - me encogí de hombros.  Nos quedamos en silencio unos minutos más, y de repente Eric se acostó en el sofá y apoyó su cabeza en mis piernas. Quise apartarlo, pero no tenía las energías suficientes, así que simplemente lo dejé ahí. Contemplé su maldita belleza unos minutos. Sus pestañas eran jodidamente largas, sus labios estaban algo rosados como sus mejillas y con los ojos cerrados de verdad que parecía un angelito. Su nariz era perfecta, al igual que sus pómulos y su barbilla. Mierda, todo Brennett era perfecto... excepto cuando abría la boca para hablar, ahí toda su belleza se iba al carajo. - Deja de mirarme... - susurró. Mis ojos se abrieron como platos y aparté la mirada. Eric sonrió sin abrir los ojos. - No te estaba mirando. - mentí. Rió un poco. - Ajá... - murmuró. - ¿Vas a decirme por qué se pelearon? - pregunté en tono bajo luego de unos segundos. Eric no contestó al instante, solo se quedó con los ojos cerrados, respirando tranquilamente. Suspiró. - Por ti. - confesó. Al principio no entendí por qué Eric y Gregg se pelearían por mí, pero luego recordé las palabras que escuché dijo Brennett: "Yo ya me la tiré". Respiré profundamente. - ¿Y por qué?  - Bueno... - empezó -. Gregg se estaba poniendo muy pesado con respecto a ti, y empezamos a pelear porque yo le envíe un mensaje desde tu celular que decía que no te pasara a buscar, que irías conmigo. Se enojó, bastante. - escuchaba atentamente cada palabra -. Y entonces le dije que dejara de ser tan exagerado, que simplemente eras una chica, no era para tanto. Y entonces él dijo algo como: "Ella terminará escogiéndome a mí", y yo, como estaba empezando a enojarme, le dije... - Pues adivina qué, hermano, yo ya me la tiré.- completé su oración, recordando sus palabras. Eric asintió lentamente. Puse los ojos en blanco -. No quiero que vuelvan a matarse a golpes, y menos por mí.  - No eres tan importante, Val... - dijo en tono aburrido, algo sarcástico, mirándome algo divertido -. No volverá a pasar. Eso era cierto, dolió un poco la forma en la que lo dijo, pero era verdad. Yo no le importaba a Brennett, no le importaba en absoluto, y estaba bien con eso, porque él tampoco me importaba a mí. Internamente me dije a mí misma que el idiota y yo podíamos llegar  a ser amigos alguna vez, porque fuera de lo estúpido que es con las mujeres, siempre ha estado ahí para mi hermano y para Gregg, y no se han separado desde la primaria. Si Eric no quisiera jugar conmigo como sé que quiere hacerlo, me caería bien y todo. Pero con Brennett nunca se sabe, te ama un día, le importas un carajo el otro. - Hace mucho nadie hacía eso... - su voz algo adormilada me sacó de mis pensamientos. Lo miré confundida, seguía con los ojos cerrados. - ¿Qué? - pregunté sin comprender. - Acariciarme el cabello... - me dijo y soltó un bostezo. No me había dado cuenta que estaba acariciando su sedoso cabello hasta que me lo dijo. Sonreí a penas y seguí con mi trabajo. - ¿Cuántas horas nos quedan antes del instituto? - pregunté. Eric abrió los ojos y miró el reloj de su celular y luego volvió a cerrarlos. - Dos horas y media.  Maldita sea, ¿Ya era tan tarde? Suspiré y me acosté en el sofá. Brennett se corrió hacia un costado para que yo entrara, y cuando ambos estuvimos acostados cómodamente, uno de sus brazos me rodeó la cintura, y su pulgas empezó a acariciar aquella zona en dónde se encontraban sus dedos. Poco a poco fui cerrando los ojos por el sueño, y antes de caer dormida, creí escuchar que dijo algo, pero no estoy segura. - Estás revolviendo todo mi mundo, Drake. No se vale si no tengo el mismo efecto en ti... Seguramente había alucinado aquellas palabras, era imposible que Eric Brennett dijera algo como eso.  (...) Subí al auto de Lenn, y cerré de un portazo mientras bufaba. Estaba completamente hecha mierda, y hubiera preferido no dormir a dormir tan poco. El auto de Brennett nos rebasó, ya que Lenn era la que más dormida de las cuatro estaba, manejaba como un jodido caracol.  - Ahg, no dormí nada y encima mi madre se volvió loca hoy. - dijo Julie mientras arreglaba su maquillaje en un pequeño espejo. No sabía cómo le hacia para estar tan perfecta incluso sin haber dormido una mierda. - ¿Qué pasó? - le preguntó Less. - Dice que no puedo salir todos los días, y yo le dije que era una tradición del instituto, y entonces ella empezó a gritar, y yo empecé a gritar también y ahg... Es completamente insoportable... - se quejó. - Mi madre está más loca que yo... O sea, imagínense eso... - dijo Lenn mientras estacionaba el auto en el aparcamiento del instituto. - La mía quiere meterme de monja - dijo Less poniendo los ojos en blanco -. Así de exagerada es. - Por lo menos tienen mamá. - dije en tono frío. Todo el auto se quedó en silencio, y entonces caí en la cuenta de lo que acababa de decir, maldecí internamente. Julie aclaró su garganta. - Oye, Val, no fue nuestra intención... - se disculpó. Me encogí de hombros. - Solo digo que preferiría tenerla conmigo y pelear a no tenerla en absoluto. - suspiré -. Vamos, el timbre está a punto de tocar.  Todo el instituto parecía estar muerto, algunos chicos estaban durmiendo en los pasillos sentados en el piso, otros bebían litros y litros de café, algunos estudiaban con los ojos abiertos como platos, y otros enterraban su cabeza en sus casilleros, al igual que lo hice yo.  Por suerte me había dado el tiempo de bañarme, porque si no estaría toda sudada y sucia y definitivamente tendría ganas de vomitar. Lenn se fue a no sé dónde, y Julie empujó a Lenn al baño del colegio, seguramente para arreglarse el maquillaje. En ese momento podía asegurar de verdad que tenía ganas de morir, pero por suerte la primera hora tenía matemática, así que dormiría como un bebé. Unos brazos rodearon mi cintura de la nada y una barbilla se acomodó en mi hombro, me sobresalté, y cuando me di vuelta para romperle la cara a algún idiota desconocido, me encontré con los oscuros ojos de Tate. Me sonrió. - Eres la primera chica que me deja plantada, Val querida, eso te hace demasiado especial. - sonreí sin energías. - Es porque yo soy de las que escogen, no de las que son escogidas, Tate querido. - él soltó una carcajada y asintió lentamente, ladeando la cabeza. - Y dime, ¿Si te beso ahora estarías escogiendo tú o yo?- preguntó acercándose a mi rostro, sonreí de costado cuando sus labios casi chocaron los míos, pero entonces apareció otra voz. - Hey, Tate. - el chico se alejó un poco de mí y sonrió a Brennett alegre al igual que el idiota. Hicieron esos saludos de hombres y yo puse los ojos en blanco. > - ¿Qué hay, Brennett? Parece que alguien te dio un pequeño golpecito eh... - dijo divertido. Eric se rió un poco por lo bajo. - Tendrías que haber visto como quedó el otro.- dijo petulante. Tate soltó una carcajada. - No me sorprende... - se encogió de hombros -. Tenemos una reunión en La Elite dentro de una hora, te envío un mensaje. - le dijo a Brennett, este asintió -. Nos vemos, linda. - se despidió de mí con un beso en la mejilla. La sonrisa de Brennett desapareció al instante en que Tate se alejó de nosotros, de la nada me tomó con fuerza del brazo cuando me di vuelta para irme. Sus ojos marrones estaban clavados en los míos fijamente, y en estos parecía haber advertencia. Fruncí el ceño confundida por su rara reacción.  - ¿Qué mierda hacías con ese? - preguntó en tono bajo, amenazador. - ¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones a ti, Brennett? - pregunté sarcástica, quise zafarme para irme, pero cuando lo hice él simplemente apretó más su agarre a mi antebrazo, lo miré fulminante. - Esto es en serio, Val... - su tono sonaba frío -. No te metas con Tate Collins. Aléjate de él.  Por alguna razón, internamente me preocupé un poco por el tono de su voz, y sobre todo por sus palabras. Tragué saliva, y seguí con mi actitud inquebrantable. Apreté la mandíbula. Ese chico era de lo más tierno, ¿Por qué tendría que suponer amenaza?  - ¿Por qué lo haría? - miré directo a sus ojos -. ¿Celoso,  Brennett? - pregunté enarcando una ceja, retadora, sonriendo un poco. La mandíbula de Eric se apretó con fuerza, y sus ojos no dejaron de mirar fijamente los míos ni por un maldito segundo, lo cual me ponía algo nerviosa. - Mira - empezó a decir, con el semblante serio -, no es de mi incumbencia y no sé porqué mierda hago esto. Pero créeme cuando te digo que ese tipo no te conviene... - No me importa un caraj... - empecé a decir, pero el me interrumpió. - Val... - dijo duramente -. Si crees que yo soy un hijo de puta, aún no has conocido a Tate Collins. Aléjate de él, es la última vez que te lo digo. Dichas aquellas palabras me soltó el brazo y se fue sin siquiera mirarme por encima de sus hombros. Estaba completamente confundida,  ¿Qué sabía Brennett que yo no? Definitivamente lo iba a averiguar. 
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