En el transcurso del día me levanto para tomar la correspondencia, un sobre llama mi atención, encontrándome con los pasajes y reservas de mi regalo para la isla paradisiaca. Dejo salir un suspiro, depositando los sobres en la mesa, sin querer saber de ellos. Camino a la sala encontrándome con un Alejandro adormitado, y Kimberly observándome. ─¿Ocurrió algo? ─Inquiere los ojos plomo. Niego con la cabeza, tratando de no pensar en lo que no va a pasar. ─¡Tenemos que ir!─ Murmura Kimberly, dando un salto para llegar a mí. Y mostrarme la revista del centro comercial. ─Sabes que no me gusta ir a centro comerciales, además, con esto de los periodistas. Es mejor ni salir─ me doy la vuelta entrando al baño. ─¡Si eres mala!─ Grita, mi risa explota en el baño. ─Vamos, vamos… necesito

