Ya a solas ella toma asiento a la orilla de la cama, toma mi mano entre las suyas, y ese acto me descoloca un poco, ella suspira, como si estuviera buscando las palabras correctas para hablar. — Yo quiero pedirte disculpas. — dice ella y yo frunzo mi ceño. — quiero disculparme contigo, pues confíeso que cuando escuche todo aquello que decían de ti, no quería que mi hijo estuviera a tu lado. — se queda callada por unos segundos y yo sinceramente no sé qué pensar. — Alexander siempre te defendió, dijo que me arrepentiría de todo lo que mi cabeza pensó y vaya que no se equivoco. Bien dicen que no hay ue juzgar a un libro por su portada. Así que quiero que me perdones, por juzgarte antes de conocerte. — palmea mi mano. — No se preocupe, todos nos equivocamos en algún momento, además de qu

