Elías miraba a Carolina desde el balcón que daba al área de entrenamiento. Había transcurrido una semana desde su última crisis, y su cambio era evidente. Aprender a defenderse no solo le había proporcionado control, también había devuelto el brillo a sus ojos. Ella se entrenaba incansablemente, repitiendo movimientos con firmeza, aprendiendo a disparar y a luchar cuerpo a cuerpo. Entrenaba junto a su nueva guardia: Fabiola. Fabiola era una mujer imponente, con rasgos marcados y una mirada astuta. Su historia era sombría: había pertenecido a la marina rusa y había trabajado como mercenaria en misiones secretas. Elías la había encontrado en uno de los lugares más oscuros del planeta, y sabía que era peligrosa. La convirtió en la sombra de Carolina, su guardiana personal. Las dos mujeres

