La noche espera había llegado, las luces del Hotel Imperial iluminaban la fachada con matices dorados, y una alfombra roja se extendía desde la entrada hasta la sala de eventos más lujosa del país. Los periodistas estaban amontonados afuera, deseosos de captar imágenes de los distinguidos invitados que comenzaban a llegar en autos de alta gama. Carolina se encontraba en una de las suites del hotel, mirándose en el espejo mientras una estilista se ocupaba de los últimos toques en su peinado. Su vestido era una creación exclusiva de alta costura: un modelo tipo sirena en color marfil adornado con destellos plateados que realzaban sus curvas de manera perfecta. El escote pronunciado en la espalda y la sutil pedrería bordada a mano le otorgaban un aire etéreo, como si estuviese flotando entr

