CAPÍTULO 7. Era un día de esos que se presentan bonitos, el invierno se estaba terminando, y ya la primavera empezaba a dejarnos ver que todo cambiaba. El sol parecía que lucía de forma diferente, por la ventana del cuarto de baño se veía una claridad que hacía tiempo no se podía contemplar, ¡no sé!, la luminosidad en invierno es como más tenue. Miré con atención, y me fijé en los árboles, las copas estaban quietas, ni una brizna debía de soplar, porque ni un poquito se movían, seguro que a pesar de que aún a esta hora haría algo de frío, se podría pasear. Salí secándome la cabeza con la toalla, y me crucé con Flora que se dirigía a la cocina para preparar el desayuno. –¡Buenos días! –me dijo. –¡Sí, estupendos!, ¿te has fijado que bonito esta hoy el día? –No, aún no he mirado, he sal

