Cuando llegó Flora, la cual se había entretenido hablando con un compañero, me dijo: –Pero ¿aun sigues con eso?, ¡no pierdas el tiempo! –¿Perder el tiempo? –la dije mirándola muy seria–. Tú puedes estar charlando tranquilamente y ¿eso no es perder el tiempo? –Bueno, es que me ha preguntado unas cosas, ¡oye!, que ha sido de los temas del examen, no hemos hablado ni de fútbol ni de trapitos. –No, pero si no te digo que no hables de lo que quieras, y estés todo el tiempo que te parezca bien, solo te he dicho eso porque a ti te ha parecido que yo estaba perdiendo el tiempo. –¡Bueno, perdona!, ¿has encontrado algo? –No te quiero hacer perder tu precioso tiempo, ya hablaremos –la dije sonriendo y sin más nos pusimos a estudiar, y nos mereció la pena, sacamos las dos un sobresaliente, un nu

