No le apartó la mirada mientras el arma en la mano de Geovanni le temblaba. Era su hermano, joder, no podía matar a su propia sangre y tampoco sería él quien no cumpliera la promesa a su padre y tirara su palabra por el suelo. Pero, joder, Julia también era su hermana. Gianni era un maldito y, aunque sabía que ambos tenían sentimientos uno por el otro, él la haría sufrir, lo tenía claro. Además, en ningún momento Gianni ocultó sus intenciones.
Greco estaba librando su propia guerra interna. Apretó más el alma y respiró profundo antes de bajarla y señalar a Gianni.
- Compartimos una hermana por la cual tu sufriste al tener que lanzarla a los brazos de Soracco en su momento. Sabes lo que es que tu hermana sufra - le recordó el pasado de Angelina y Alessandro para ponerlo de ejemplo. - A la primera lágrima que me entere que mi hermana derrame por tu causa, me la llevaré de aquí y, de ahí en más, tú decidirás cómo transcurrirán las cosas entre ambos.
Gianni sonrió con descaro. Claro que sabía lo que se sentía, pero las circunstancias para Gianni eran diferentes. Al momento de compararlas, Angelina era inocente; Julia no lo era.
- Si has terminado de amenazarme, puedes largarte. Hoy no eres bienvenido en mi casa - le dijo sin apartar su mirada de Geovanni, quien apretó sus manos en puños al escucharlo. Se dio la vuelta para irse, pero las palabras de Gianni lo detuvieron. - La próxima vez que me apuntes con un arma, uno de los dos terminará muerto y rompiendo una promesa. Que sea la última vez en tu vida que vuelvas a hacerlo, menos en mi jodida casa. No seré tan amable la próxima vez.
Geovanni se limitó solo a seguir caminando bajo la atenta mirada de Gianni, quien no lo perdió de vista hasta que este se subió a su auto y se marchó como alma que lleva el diablo.
- Quiero que lo sigan y que se aseguren de que ese demente llegue a salvo donde quiera que vaya. Está loco - dijo para darse la vuelta luego de que sus hombres corrieran a los autos para cumplir las órdenes de su jefe.
No iba a permitir que se la llevara. Una vez se casaran, era para siempre y estaba seguro de que Geovanni lo sabía.
Llevaba semanas sin verla. Sabía que las terapias habían sido duras y que aún ella no se decidía a hacer la cirugía en su ojo afectado. La última vez que la vio, parecía avergonzada al caminar, ya que Gianni no había apartado su mirada de ella, quien estaba en el jardín cuando él llegó a la mansión Greco por negocios. O había puesto esa excusa para visitar la casa y poder saber de ella, ya que no preguntaría directamente.
Llevaba el pelo más largo, lo que le hizo recordar cuando eran más jóvenes; llevaba el pelo del mismo largo que antes.
Sería difícil, lo sabía, pero no imposible. Aún no tenía claro por dónde empezaría a hacerle pagar, pero lo haría.
"Te amo", la recordó aquel día en el hospital cuando besó sus labios. Después de diez años, tardó semanas en recuperarse de aquel beso. Había sido un beso delicado, pero le había quemado igual.
(...)
FLASHBACK
—Voy a casarme contigo —le había dicho en algún momento—. Odio que estemos escondidos de esta manera y que tengas que irte en la mañana de mi habitación antes de que salga el sol.
Julia había cerrado los ojos. Habían terminado una demandante sección de sexo cuando Julia se metió a su habitación en la madrugada, después de asegurarse de que Angelina estuviera dormida. Era un ritual, siempre, cada vez que dormía en esa casa, y sabiendo que Gianni estaba en su habitación.
Gianni había volteado a mirarla al ver que no le respondía cada vez que decía que se casaría con ella.
—Puede que algún día me odies.
—¿Por qué te odiaría? —le había preguntado con seriedad, haciéndola mirarle a los ojos.
—No lo sé. Falta mucho para que pueda ser mayor de edad y muchas cosas pueden pasar, Gianni. —La respuesta no le había convencido, pero asintió.
FIN DE FLASHBACK
Había sido el idiota más grande, pero ¿cómo demonios se iba a imaginar que era una vil traidora, que no era quien decía ser? Joder, tenía 15 años y, aunque su mentalidad siempre fue diferente, inteligente y calculadora, nunca le pasó por la cabeza, ni en sus más profundos sueños, que fuera una Greco.
Sonrió con ironía. Iban a casarse, pero las cosas serían muy diferentes a diez años atrás.
Ahora sí que la odiaba. Tuvo razón en decir que mucho podía pasar en ese tiempo, y sí que había pasado.
Iba a meterse a la cama; debía descansar. Entonces, una idea pasó por su mente: iba a torturarla con los recuerdos, lo mismo que le habían torturado por tanto tiempo mientras dormía en esa habitación donde habían dormido juntos tantas veces.
No supo en qué momento se había quedado dormido, solo que estaba casi amaneciendo.
¿Quién demonios tocaba su puerta tan temprano? La ceremonia sería ese día, pero en la tarde; apenas eran las 7 de la mañana.
Alguien tocaba la puerta de la habitación con insistencia. Entonces, Gianni se puso de pie, caminó hacia la puerta, la abrió sin preguntar de quién se trataba y se encontró con unos ojos verdes furiosos viéndole directo a los ojos.
Gianni estrujó sus ojos, pensando que tal vez estaba soñando.
- Para todo esto de una vez por todas - definitivamente no estaba soñando.
- ¿Qué haces aquí tan temprano, Angelina? -dijo, obviando las palabras de su hermano y el enojo que reflejaba su mirada.
Angelina le miró de una forma que Gianni entendió perfectamente; le estaba pidiendo con la mirada indignada que no le cambiara el tema, lo que hizo que Gianni suspirara.
- No puedo hacerlo y tampoco quiero -Angelina le miró, demostrando preocupación.
- Debo admitir que pensé que con el paso de los meses ibas a entrar en razón, pero veo que me equivoqué -le dijo con calma, una calma que contrastaba con la tormenta de preocupación y desesperación que sentía por dentro debido a los acontecimientos. Gianni no dijo nada. - Tengo dos semanas llamándote, por eso he venido hasta aquí. No me has respondido la llamada -le dijo la razón por la que estaba allí a las 7 de la mañana.
No quería tener esa conversación de nuevo en menos de 24 horas; con sus dos hermanos no le gustaba ni siquiera levantarle la voz a Angelina, y la verdad sentía que si entraban en esa conversación, iba a hacerlo.
- ¿Dónde está el bebé? -preguntó Gianni con el ceño fruncido, haciendo que la exasperación de Angelina creciera. Hablaba de todo menos de la razón por la cual ella había viajado a Florencia.
- Está abajo con su padre -Angelina vio la intención de marcharse y entonces le sujetó el brazo, haciendo que él la mirara.
- ¿Qué es lo que planeas? -le preguntó con seriedad.
- Evitar una guerra con Geovanni y cumplir mi promesa a papá.
- Ahora dime, mirándome a los ojos y con toda la sinceridad del mundo, que solo lo estás haciendo por eso.
No iba a mentir, por lo que guardó silencio sin apartar esa mirada intensa que tenía de los verdes ojos de su hermana, quien tampoco apartó la suya mientras le pedía con la mirada que hablara con ella.
- No preguntes cosas que ya sabes y que van a decepcionarte cuando las escuches salir de mi boca. No soy una persona que mienta, mucho menos a ti -decidió responder.
Angelina le soltó el brazo; Gianni acababa de admitir que tenía otras intenciones. Ella ya lo sabía, pero quería escucharlo salir de su boca.
Angelina cubrió su rostro con sus manos, demostrando su preocupación y haciendo que Gianni se sintiera culpable por hacerla sentir así.
- ¿Por qué no solo dejas el pasado atrás? -le preguntó. - Yo ya he perdonado, Gianni, déjalo ir.
No era tan fácil; no podía dejarlo ir porque lo que sentía no saldría de su pecho, y el asunto con Greco lo impedía. No mentía cuando dijo que también con aquella boda evitaba una guerra.
- Ya te dije que es imposible.
- ¡Maldición, Gianni! -Gianni se notó sorprendido al escucharla. Su hermana era pacífica, o bueno, cuando no estaba enojada ni se tornaba obstinada.
Que levantara la voz y maldijera solo demostraba la frustración que estaba teniendo en ese momento. Entonces hizo una pregunta que cambió drásticamente la actitud de Gianni.
- ¿La quieres? -le preguntó, viendo el cambio drástico en su mirada al escuchar tal pregunta.
Odiaba quererla como la quería, y repartir o admitir que la quería le enojaba, le molestaba y lo hacía sentir como un idiota. No respondería a eso, o esa era su intención, hasta que escuchó lo próximo que tenía que decir su hermana.
- Es obvio que la quieres porque puedo ver la lucha interna que estás librando -lo enojó justo como ella quería, y siguió para hacerlo estallar. - La quieres, y aunque te molestes, no puedes negarlo. Puedes decir "no" con la boca, pero tu mirada no miente, no a mí.
- ¡La quiero! -gritó enojado, dejando a Angelina pasmada por la forma en que lo dijo y lo que siguió después. - Más que quererla, la amo. La única mujer, después de mamá y tú, que me importó, por la cual estaba dispuesto a enfrentar a papá para casarme con ella, sin importar de dónde supuestamente venía, padres de clase media que se ganaban la vida día a día, sin nada que ver con nuestro mundo -sonrió, lleno de odio-. Una maldita mentira más de ella. La amo tanto como la odio, por lo que te hizo a ti, por lo que me hizo a mí y por lo que nos hizo a ambos -soltó, desahogándose por primera vez con Angelina, quien entendió que los sentimientos de Gianni eran más profundos de lo que ella pensó alguna vez imaginar ver en él.
- Me carcome el alma y me dan deseos de matarla al imaginarla llevándote al matadero, en donde te metió después de todas las putas noches en las que se escapaba de tu habitación para venir a meterse en mi cama. La odio porque, sabiendo quién era, dejó que esto creciera y me hizo sentir lo que nunca he podido sentir con otra mujer, ¿lo entiendes? -le dijo, haciendo que los ojos de Angelina se cristalizaran al ver tanto rencor en Gianni por la mujer con la que estaba a punto de casarse.
- Gianni -lo llamó Angelina, y él siseó, indicando que no quería escucharla.
- Voy a decirlo por última vez y espero que lo entiendas: esto continuará. Y de la única forma en que no se llevará a cabo es si muero. Voy a hacer que se arrepienta de todas las noches en que te escuché llorar a medianoche. Voy a hacer que se arrepienta de los diez años que fuiste presa de tus propios miedos. Voy a hacer que se arrepienta de no haberme enterrado un cuchillo en el corazón mientras dormía y haberse largado luego.
- Ella te quiere y también ha sufrido.
Gianni sonrió, pasando las manos por su cabello mientras caminaba de un lado a otro y luego se puso enfrente de su hermana.
- ¿Cómo pudo ella haber sufrido, dime? -la pregunta hizo que a Angelina se le rompiera el corazón. Sentía que cuando se enterara de que habían tenido un hijo, ese rencor solo crecería más.
No podía decirle; tragó saliva mientras Gianni parecía esperar una respuesta.
- Dices que me quiere, y yo no lo dudo, lo que la hace aún peor ante mis ojos. Nunca renunció; se metió en mi cama la primera vez, la segunda, y siguió pasando tantas veces que no podría contarlas, mientras maquinaba cómo golpearme, llevándose de por medio a la niña de mis ojos y los de papá, que eras tú. Lo hizo queriéndome.
Esa sola oración le dio a entender a Angelina que no se equivocaba: no podía enterarse por ningún motivo de lo del bebé.