Leo se sentía tan mal al igual que su lobo, solo podía ver como aquel alfa estaba disfrutando de su omega, aquella que tanto deciaba tener entre sus brazos, que tanto deseaba tenerla en frente suyo y besarla, acariciar su hermosa y bella piel lechosa, su exquisitos labios sabor a fresas con crema su postre favorito, que tan solo pensarlo se exitaba mucho —Carajo. —Lo dijo algo frustrado, Leo ya no quería sufrir tanto, hasta el mismo se dio un tiempo, sentía que al ya no verla se sentiría mejor, pero el sabía que no, ya no había marcha atrás, quería no pensar más en Victoria y al final decidió hacer una llamada—. Ana. —Hablo algo decidió, sin ganas de nada —Leo ¿Que pasa? —Ana pregunto preocupada, hace unos días ya no sabía nada de el. —Ana quiero unos tragos... —¡Carajo Leo pensé que

