Un sueño inesperado

1279 Words
Después de revisar algunos documentos y de firmarlos, sintió sueño, asi que decidió irse a acostar. Apagando la lámpara la habitación quedó bajo la penumbra. La tenue luz de la ciudad se colaba entre las cortinas de terciopelo, proyectando sombras que danzaban en las paredes. Rachel dormía a su lado, con su respiración lenta y tranquila, completamente ajena al tumulto que Liam sentía en su interior. Ella había intentado seducirlo cuando él entró en la cama sin poder conseguirlo, la chica estaba algo ebria, y eso a Liam le molestaba. Aún así deseaba sentirla a su lado, esa noche en particular no quería dormir solo. No sentía nada por Rachel, pero al menos el calor de su cuerpo al lado del suyo alejaría esa ansiedad que lo invadía y que deseaba alejar de su cabeza. Pero mientras Rachel dormía plácidamente bajo las sábanas de seda, él estaba acostado, mirando al techo, intentando acallar los pensamientos que lo mantenían despierto. Finalmente después de unos minutos el cansancio lo venció, y cayó dormido. Pasados 15 minutos su mente se perdió en un sueño. En ese sueño todo a su alrededor era distinto. Había luz, una luz muy cálida y reconfortante que contrastaba con la frialdad de su penthouse. Frente a él estaba Victoria Ainsley, su hermoso rostro iluminado por una sonrisa suave y desarmante. Liam no entendía por qué ella estaba allí ni cómo había llegado a su penthouse, pero algo era cierto, Victoria estaba allí y él no podía apartar la vista de ella. De repente y sin saber cómo se halló sentado a su lado. Su mano, casi como si tuviera voluntad propia, se alzó y acarició el rostro de Victoria, y ella cerró sus ojos disfrutando de su caricia. La sensación era extraña para él, se sentía completamente real, tan agradable e intoxicante, podía sentir como ese dulce calor se metía bajo su piel. Podía sentir la piel tersa del rostro de Victoria bajo sus dedos, como si estuviera tocando algo frágil y precioso. Su piel cálida bajo su palma era tan real como si la estuviera tocando en ese mismo instante. Por primera vez en mucho tiempo, Liam sintió algo más allá del vacío que lo perseguía, una calidez que lo invadía por dentro derritiendo el acero qué cubría su alma. Victoria lo miró fijamente a los ojos, sus ojos verdes brillaban iluminando su rostro, estaban llenos de una emoción que Liam no podía descifrar, pero que su corazón parecía entender. De pronto escuchó a Victoria hablar con una voz tan suave y segura diciéndole: Liam mi amor… ¿Algún día podremos estar juntos? Seguido de un beso cargado de una emoción desconocida para él. El peso de esas palabras rodeadas de aquella escena romántica lo golpeó como un mazo. En ese instante, todo desapareció. La luz, la calidez, el beso, y por último la imagen de Victoria. Liam despertó sobresaltado, con el corazón latiendo con fuerza. ¡Maldita sea! Dijo en voz baja, frotándose el rostro mientras miraba a Rachel, que seguía dormida. "Estúpido sueño", murmuró, irritado. No podía entender por qué esa mujer, a quien apenas había visto una vez, se colaba en su mente de esa manera. Se levantó de la cama y caminó hasta la sala, sirviéndose un trago de whisky. El calor del licor le quemó la garganta, pero no logró apaciguar su molestia. Miró por la ventana, observando la lluvia caer sobre la ciudad, y entonces su mente lo llevó a un lugar al que no quería volver. Se vió a sí mismo sentado en los escalones de la entrada de una casa modesta. Con tan solo seis años. Su madre estaba frente a él, con una maleta en la mano y una expresión que él nunca olvidaría. Liam, cariño, esto no tiene nada que ver contigo… dijo su madre con voz temblorosa. ¡Entonces quédate, no tienes que irte mamá! No te vayas mamá… dijo con sus ojos llenos de lágrimas. No puedo quedarme Liam… No es por ti cariño, ¡es por todo esto! ¡No soporto tanta miseria, me ahoga…! No me casé para vivir así, tu padre no puede darme lo que yo merezco… Tengo que irme… le respondió esquivando la mirada Liam. Él le pidió entre sollozos, aferrándose a su falda: Mamá, llévame contigo… Con mirada fría ella le respondió: ¡No! Tú debes quedarte con tu padre…¡Yo no quiero llevar un lastre conmigo, tengo derecho a vivir mi vida! Después de hablarle tan fríamente ella se fue dejándolo llorando en el pórtico, sin mirar atrás ni una sola vez. No hubo ni una sola carta para él en más de tres años. Cuando su padre murió de cáncer ella no apareció en el funeral, tampoco lo llamó para darle una palabra de consuelo. Él se quedó solo, esperando que ella volviera por él, pero nunca lo hizo. Su madre dijo quererlo, pero su amor resultó tan vacío como sus palabras. Una semana después de qué murió su padre, se sentó en los escalones del pórtico mirando hacia la calle vacía y decidió que nunca volvería a depender de nadie. Si su propia madre que decía amarlo lo había abandonado, ¿qué podía esperar del resto del mundo? Con ese recuerdo en su memoria Liam regresó al presente Cerrando los ojos tomó un sorbo más de whisky, intentando ahogar el recuerdo y enterrarlo de nuevo en el olvido. Él había construido su vida sobre cimientos de hierro, alejándose de cualquier tipo de vínculo que pudiera debilitarlo, herirlo o decepcionarlo otra vez. Pero ahora él luchaba con otro recuerdo, el rostro de Victoria Ainsley se había colado en su mente, y no importaba cuánto intentara ignorarlo, algo en ella lo había alcanzado. Molesto se obligó a centrarse diciendo: ¡Esto no es nada! Se dijo a sí mismo, apretando los dientes y tomando el resto de whisky que quedaba en su copa. Poniendo la copa en la mesa de la cocina dijo: ¡Ese sueño no significa nada! ¡Solo fue un absurdo y estúpido sueño! Pero en el fondo Liam sabía que no era verdad. La muerte de Edward Ainsley pesaba sobre su cabeza al pensar en el futuro de Victoria. A él nunca le había importado lo que pasará con las personas, los negocios son negocios, la gente involucrada en el proceso solo eran estorbos, obstáculos que quitar del camino . Pero la hija de Ainsley se había metido en su cabeza sin permiso, causándole una incomodidad que no lo dejaba dormir tranquilo. Llenando su copa de nuevo la bebió de un sorbo, luego fijó sus ojos en la copa casi vacía y dijo: Nunca me ha importado lo que le pase a la gente a mi alrededor… Tampoco me importará lo que le pase a la hija de Ainsley, lo que le pase a Victoria o lo que ella haga… ¡Es asunto suyo, no mío…! Tomando el último sorbo de su copa, apagó la luz de la lámpara y se fue a descansar, abrazando a Rachel que dormía profundamente, Liam se negó a volver a pensar en la hija de Edward Ainsley. Rachel se volvió hacía él y se abrazó a Liam, y sin dudar él aprovechó el momento para desahogar toda la tensión que llevaba dentro en el cuerpo de Rachel. La furia y la frustración que sentía Liam era palpable, tanto que Rachel dijo: Hey… más despacio tigre… A esto viniste querida, así que cállate y disfruta… Mañana pagaré tus favores con intereses… Liam solo quería olvidar y dormir cansado, y lo consiguió, aunque a Rachel no le gustó para nada el trato brusco que le había dado Liam.
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