-Aquí también está muy obscuro -Comentaba Angélica mientras entraban.
-No te preocupes aquí hay un sistema mágico de luz, se llama electricidad.
La pequeña cocinera lo miró con un poco de sarcasmo mientras encendía un interruptor en la entrada.
-Este es mi escondite secreto -decía el maestro chef con orgullo -Este lugar nadie lo conoce aquí es donde yo podía practicar mi magia en la gastronomía sin ser molestado por nadie.
Angélica, puso atención al lugar después de encender la luz. Más que una cueva o un subterráneo parecía una habitación de premios. Las paredes estaban decoradas con muchas fotos del chef festejando grandes logros como el ganar un concurso, inagurar su escuela o con algún conocido que lo visitaba. Además había grandes trofeos perfectamente acomodados en algunas vitrinas, aunque muy polvosos. El decorado estaba acompañado de varias fotos y maquetas de platillos que le habían hecho famoso. Además con una descripción como si de un museo se tratara con el nombre y origen de cada uno de ellos.
-Esto es muy sorprendente -Alababa Angélica al chef -¿En verdad tienes tanta trayectoria y experiencia en esto?
-Por supuesto, estás hablando con el mejor chef de todos los tiempos -Hablaba orgullosamente -Pero si está habitación te sorprendió espera que lleguemos a la parte de abajo y te sorprenderá aún más.