El recorrido podía durar horas y horas como si de un gran museo se tratara. Había cosas que a Angélica jamás le habían interesado pero que en ese momento la atrapaban rotundamente. Tal vez el tenerlas ahí reunidas o conocer su verdadero significado o quizá la forma en que el espíritu hablaba lo hacía ver muy interesante.
Pero no había tiempo para seguir admirando el lugar ni los objetos. El tiempo era crucial y desesperante para un ser que había esperado mucho tiempo abandonado su propio cuerpo. Se colocó frente a una puerta en lo más profundo de la habitación. Esta puerta era color azul y parecía muy normal pero algo en ella la hacía ver única y especial. Angélica se paró a un lado del maestro chef y preguntó -¿Ahora que sigue?, ¿Cómo debo abrir esta puerta?
-En está ocasión no debes preocuparte -Respondió elevándose un poco -Esta puedo abrirla yo.
Angélica se quedó pasmada al escuchar esa palabras y al ver la pose que estaba tomando su guía. Juntaba sus manos abriendo las palmas en señal de saludo, cerró sus ojos y recitó estás palabras -"Masilla Muacake Kansul Di Inferto"- Mientras las recitaba movía sus manos en círculos a la derecha e izquierda para finalizar en el centro. La puerta se abrió inmediatamente después que terminara su oración.