—¿Qué? —su cara fue de puro desconcierto.
—¿Que qué traes en la bandeja? Muero de hambre —cambié el tema... ¿Sutilmente? Bueno, es mi mejor esfuerzo. No se quejen.
—No, no... —apartó mi mano de la bandeja y me atrajo hacia él—. Lo que dijiste antes.
—¿Qué? —me hice la desentendida—. ¿Yo? Nada.
Él asintió lentamente.
—Te dejo sola para que comas —se puso de pie y caminó hacia la puerta—. Cuando termines date un baño, tu madre quiere hablar contigo. Cuídate —y con eso, abandonó la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
Me sentí mal por él, solo quería escucharlo de mí una vez más, pero no quería forzarme.
Quería que cuando lo dijera, estuviera cien por ciento segura.
Quería poder quererlo porque así lo sentía y no por soledad.
Miré el reloj del despertador que se encontraba en la mesita de noche, ahora junto a "mi desayuno". Era las doce de la tarde.
Era mágico lo que una persona podía hacer con tan poco tiempo en ti si te disponías a permitírselo.
Solo hace unas semanas evitaba a muerte a ese chico.
Creía que de estar de él por mucho tiempo me metería en problemas... Y en estas semanas lo he comprobado.
Pero es diferente.
Me gusta estar cerca de él, y aunque por su culpa haya quemado mi casa... Dos veces, disfruté de su compañía.
Me gustaba era estar con él (no quemar mi casa, obvio), y lo que necesitaba era su cercanía.
"Si, ya sonamos como mujer empoderada".
Oh vamos, ya cállate.
Empecé mi sano "desayuno" y obviamente a tiempo, mordiendo uno de los pancakes. No sé por qué no se lo repetí en alto. Que el mundo lo escuchara.
Suspiré.
No importaba ahora, solo necesitaba superar mi pequeño "problema", y volver con mi antigua rutina. Terminé de mi desayuno rápidamente, me di una ducha rápida, corrí al armario y cogí lo primero que vi para ponérmelo y bajar.
Me solté el pelo, pero como mis ganas de peinarme eran nulas, solo me lo "desenredé".
Corrí a la puerta, pero antes de tomar el pomo, esta se abrió —¿magia?— y chocó contra mi cara.
Tuve un Deja vú en cuanto vi a Graciela al otro lado. Esta sonrió con vergüenza mientras escondía algo detrás de ella.
—Oh, no te vi, lo lamento...
Salté encima de ella antes de que pudiera siquiera terminar de hablar y caímos en el piso, porque al parecer el único que puede conmigo es Ayden.
"Cargar con el peso de una vaga que nunca hace gimnasia y come como dragona no debe ser fácil."
Graciela ha venido todos los días para ver la serie Teen Wolf, que hasta ahora solo tiene cuatro temporadas y de verdad espero que sigan.
Alaska casi nunca podía venir, su padre no la dejaba respirar sin que él lo hubiera aprobado. Era un infierno.
Pero, en fin, en lo que iba. Graciela y Alaska venían con Brianna (si señores, Brianna) a verme y a intentar levantarme el ánimo.
—Te extrañé mucho —dije apretándola contra mí.
—Gine-bra, me e-stás a-asfi-xiando —me separé de ella y me senté en el suelo mirando como ella se ponía de pie, y posteriormente, me ayudaba a mi—. Así está mejor. Yo también te extrañé.
Íbamos a volver a abrazarnos, cuando sentí otros dos pares de manos envolverse alrededor de mi cuerpo. Alaska y Brianna.
—¿No hay abrazo para nosotras? —reí ante eso. Después de un rato me dejaron ir.
—Nosotras también te extrañamos, Gin.
—Son lo mejor, ¿saben?
Si hace unos años me hubieras preguntado si alguna vez imaginaría que un día abrazaría a Brianna Rynols, me hubiera reído de ti, y después, te hubiera golpeado por decir semejantes barbaridades.
Pero ahora muchas cosas han cambiado. Me cae bien Brianna, supe que mi padre nunca me abandonó, si no que murió, y me gusta Ayden.
—Obvio lo sé, solo mírame —dijo Brianna dando vueltas alrededor de nosotras—. Soy maravillosa.
Nos reímos de eso y de otros mil chistes malos que Brianna decía cada tanto, que seguro lo hacía por mí, porque no recuerdo que tuviera tan mal sentido del humor.
Hace mucho no me reía así y se sentía raro. Luego de tanto tiempo llorando, sonreír nunca caía mal.
°~~~~~°
Me terminé de ajustar las vans negras mientras me hallaba sentada en la cama con el sobre blanco, pero que era tan viejo que se veía amarillento, en la mano.
Mi madre había subido algunos minutos antes para hablar conmigo. Luego de hablar un momento, me había dejado sola para que me preparara... Y este sobre amarillento por el tiempo con una foto de papá.
Jugué con el sobre un rato, y finalmente, lo abrí.
En el solo se encontraban dos fotos.
La primera era de un hombre joven que se encontraba en la playa. Tenía un traje formal y de fondo se veía el mar.
Tenía recuerdos de mi con ese hombre, pero eran vagos, ya que casi nunca solía verlo.
Sonreí con tristeza. Después de un par de segundos lo reconocí como mi padre por el obvio parecido entre ambos.
Tenía el pelo n***o y grueso que le caía libremente hasta la nuca. Sus ojos verdes gritaban la alegría que sentía en ese momento. Su nariz era ancha y sus dientes blancos marfil. Y su sonrisa... Su sonrisa era inigualable.
Ciertamente se parecía a mí, mucho.
Sonreí un largo rato viendo la imagen, que a diferencia del maltratado sobre, estaba en perfecto estado. La miré por un rato más y luego pasé a la otra.
Era él y mi madre.
Me quedé impactada cuando vi el vestido color blanco y formal de mi madre. Fue en su boda. Mi madre llevaba el cabello largo, como siempre, pero ahí era castaño. Su color natural. Estaban abrazados, y detrás, se podía ver el altar.
Se veían hermosos juntos.
Sentí una lágrima bajar por mi mejilla, y tan rápido como la sentí, la limpié.
No tenía tiempo para eso, ya no más. Me puse en pie y guardé las fotografías en una caja de zapatos en el closet. Antes de salir de la habitación me detuve a mirarme en el espejo. Ya no me veía tan mal como hace un par de horas.
Me arreglé un par de mechones que se me ponían en la cara, imposibilitando que pudiera ver bien. Tomé una pequeña mochila y me salí de la habitación después de tanto tiempo.
Iba tarde. Iría al cementerio a visitar a mi padre.