Después de unas horas en esta habitación, que ahora era más bien una prisión, con las puertas cerradas impidiéndonos salir, ¡Dios!
No podía creer que me hubiera tragado el cuento de la vieja, esa zorra había sido tan conveniente, alegando solidaridad con los pobres desgraciados que no conseguían visado, demostrando ser alguien de confianza y con una solución a nuestros problemas, ¡qué ingenua había sido!
Las demás chicas estaban acobardadas, todas con la mirada gacha, nadie había dicho ni «A» desde que la rubia salió por la puerta, pero el miedo y el terror eran tan perceptibles como el agua que calmaba su sed.
Oímos el sonido de la llave abriendo la puerta, haciendo que todos nos pusiéramos ahora erguidos, analizando lo que iba a venir a continuación, el cabrón responsable de todo entró en la habitación, con una sonrisa irónica, mostrando lo más frío que podía ser en una situación así, ¿a cuántas personas más estaban engañando?
Qué clase de personas eran, capaces de pasar por encima de la dignidad de alguien, convirtiendo a las personas en objetos tan despreciables para ellos, como si nuestras vidas no importaran, poniendo las riendas de nuestras historias en sus propias manos, sin darnos la oportunidad de elegir, ¿quiénes se creían que eran? ¿Dioses?
- Bueno, creo que todos saben por qué las elegí, mujeres hermosas, seguro un gran ingreso para nosotros, las brasileñas siempre son las más buscadas, esta vez me superé - Soltó su veneno, sin mostrar arrepentimiento, como si eso fuera lo más normal del mundo entero - ¿Alguien tiene más preguntas?
- No puedes.....no...no...no...- Una de las chicas intentó hablar confusamente-.
- ¿No podemos hacerte eso? - preguntó libertinamente-. No sólo podemos, sino que ya lo hacemos, y muy bien ¿A quién le importan cinco chicas desaparecidas más entre miles de millones? - Me daba asco como todo para todos se solucionaba con dinero y utilizando a alguien como escalera del éxito, como si cada vida engañada no tuviera importancia, disminuyendo nuestros sentimientos, lo que realmente éramos, nuestras raíces, nuestros sueños, maldito dinero, que hace que el ser humano se convierta en el cáncer de la tierra.
- Esta noche eres libre, pero mañana empezarás, espero que hayas entendido las normas, durante el día limpiarás la habitación, una de las chicas te ayudará, ¿tienes alguna duda?» Su cuerpo estaba en la puerta, pero no había entrado en la habitación hasta el final, dominado por la ira me acerqué a ella.
- ¿Cómo te atreves a tratarnos como objetos? Tenemos una familia, una vida, no somos juguetes sexuales» Mi voz estaba llena de indignación, quería volar a su cuello, nunca había sentido tanta rabia ni ganas de golpear a alguien como sentía ahora, quería machacar a cada bastardo responsable de tan humillante situación.
- Vuestras vidas no importan, ¿qué parte de ser un número más entre la multitud no entendéis? - Ladeó la cabeza para mirarme, con los ojos llenos de humor.
- Confiamos en ti. -dije entre dientes.
- «Lo siento, os he defraudado» -me interpeló libertinamente, todos los sentidos de mi ser se llenaron de odio, rabia, asco, frustración, y lo siguiente que supe es que estaba encima de su cuerpo con mis manos aplastando aquel fino cuello de pollo, mis manos tan firmes que alcanzaban el color blanco en los pliegues, Estaba pasando del rojo al morado cuando sentí como dos manos intentaban apartarme de ella, hasta que finalmente lo consiguieron, dominado por la rabia grité lo podridos que estaban todos en aquel lugar, sentí una puñalada en la cabeza haciendo que todo a mi alrededor se oscureciera.
Desperté sintiendo que mi cabeza pesaba una tonelada, había sangre seca en una parte de mi mano, instintivamente me llevé las manos a la cabeza sintiendo un enorme chichón ahí, y más sangre seca también.
No sé cuánto tiempo pasé inconsciente, escudriñé el lugar, que más bien parecía un purgatorio de tortura porque había dos librerías sin puertas en un rincón, llenas de utensilios que visiblemente se usaban para torturar, no sé si por el hecho de que estaban ensangrentados o porque daba miedo sólo mirarlos.
Miré hacia la cama en la que estaba, hecha de piedra con un fino colchón encima, me incorporé sintiendo como me temblaban las piernas, más allá había un tabique de hormigón que me daba vista a una silla que no era nada cómoda, tenía clavos clavados, y alambres de espino, pero sin duda el palo en medio que sugería que era para la penetración me asustó aún más, Dios, estaban enfermos.
¿Qué me harían?
El miedo empezó a florecer en mí, me sentía egoísta por no pensar en mi hija, nunca he sido de perder los nervios, pero ante la situación en la que me encuentro, ¿cómo mantener la calma? Mi deseo era hacer tragar a todas estas personas su propio veneno, Dios mío, qué agotada e impía me siento, ¿qué me diferencia de ellos con estos pensamientos?
No puedo dejar que la ira se apodere de mí otra vez, necesito bailar al ritmo de la música, necesito volver a casa con mi hija, ¡mamá!
No me di cuenta cuando las lágrimas empezaron a caer y los sollozos eran el único sonido de la habitación, no podía seguir explorando aquel lugar demoníaco.
Volví a sentarme en la cama, me acurruqué en ella, agarrándome las piernas en posición fetal, dejando que todos los sentimientos de derrota salieran en forma de lágrimas, solo quería poder proporcionar una vida digna a las personas que más quería y ahora realmente necesitaba matar un león al día, ¿quién es esta gente?
Me desperté cuando alguien me tocó el pelo, el olor empalagoso del perfume de un hombre me alertó de que estaba a solas con un hombre y salté de la cama, con los ojos desorbitados al ver a un ser despreciable con una sonrisa aún más repugnante en la cara, un armario con forma de personas.
-Lástima que no pueda disfrutar de ese cuerpecito antes de acabar con él -La fría voz resonó en la habitación, aterrorizando todos los sentidos de mi cuerpo-.
- ¿Qué me vas a hacer? - pregunté en un susurro, casi inaudible, Abba no puedo morir ahora, mi hija necesita a su mamá, sentí las lágrimas rodar de nuevo, pero esta vez en silencio-.
- Pero aún no hemos empezado, guarda tus lágrimas, las necesitarás-.
Como quien recoge una pluma, me cogió del brazo y me arrastró a otra parte de la habitación, pasamos la horrible silla hasta llegar a una especie de cadena que dejaba el cuerpo en forma de X. Me ató los pies y las manos, dejándome totalmente expuesta y a su merced, no intenté defenderme, hubiera sido inútil, el hombre era 3 de mí, se alejó recogiendo algunas cosas del armario, yo lo observaba todo de reojo, sintiendo como mi cuerpo se estremecía, empecé a sentir frío, notando gotas en mis pechos, espalda y frente, algo me decía que lo que estaba por venir no iba a ser nada agradable.
- Hubiera sido mucho más fácil matarte, pero digamos que pasaste directamente a desafiar a las hijas del jefe, eso no les gustó nada, así que la lección que te llevarás no es sólo una advertencia para que no vuelva a ocurrir y por supuesto, para que nadie esté tan loco como para volver a hacerlo. - Las hijas del jefe, comentó como si estuviera haciendo plática, mi enojo creció aún más al escuchar esa información, malditos ricos, siempre pisando a la clase baja.
Malditos ricos.
- Esto va a ser divertido - sonrió - pero no para ti.
No pude ver lo que tenía en las manos, aparte del látigo de cuero que venía con unas espinas de hierro, Dios esto va a doler.
-Relájate -dijo colocando los objetos sobre una especie de mini mesa que parecía hecha a medida para él, a la altura de sus manos-. Cogió el látigo y lo colocó detrás de mi cuerpo.
Cogió el látigo y lo colocó detrás de mi cuerpo. Las lágrimas no me habían abandonado, así que cedí al miedo que gritaba en cada poro de mi ser.
- Tenemos demasiada ropa aquí- De un tirón me arrancó la camisa blanca de vestir, haciendo que los botones volaran por todas partes- No voy a quitarme el sujetador, me distraería aún más de mi objetivo- ¡Qué asco!
Sentí como levantaba la mano, se apartaba y descargaba el primer latigazo en mi espalda. Grité de dolor, sintiendo como la sangre corría.
- Cálmate, solo van a ser 5, no podemos estropear la mercancía- Sentí 4 más de esos dolorosos latigazos, la sangre ya corría por mis pies, que recién me daba cuenta que estaban descalzos, ya no podía mantener mi cuerpo erguido, ahora estaba suspendida, mis ojos se cerraban sin que yo lo permitiera, mi espalda pedía atención a gritos, mi mente estaba envuelta en los recuerdos de mi pequeña, de su sonrisa.
- No, no, tenía tres juguetes más para ti, pero solo voy a usar uno más, pensé que sería más fuerte -su tono de voz era tan sucio como su comportamiento, con mucho esfuerzo vi como cogía un aparato amarillo con dos cables, volviéndose de nuevo a mi espalda los colocó contra las heridas haciendo que los gritos escaparan de mi garganta.
Tardó en cesar mi grito antes de que uno nuevo y más fuerte volviera a instalarse en mis cuerdas vocales con la descarga que había recibido. Con las pocas fuerzas que aún me quedaban, intenté forcejear, y se sucedieron largas y tortuosas descargas en las heridas, hasta que en un momento dado los gritos ya no abandonaron mi garganta, que ahora estaba dolorida de tanto gritar, mi visión se oscureció y todo se volvió n***o, haciendo que el dolor remitiera.