Por primera vez, aquel hombre me miró de una forma que me tomó por sorpresa. Sus ojos, siempre fríos y calculadores, ahora reflejaban algo diferente. No era enojo, no era fastidio… era ansiedad. Una súplica muda, como si intentara decirme algo, pero las palabras se le atragantaron antes de salir. Sentí un extraño nudo en el pecho. —¿Quieres que me quede mientras te dan los puntos? —pregunté en voz baja, con cautela. Nicolás no respondió de inmediato, pero el leve agrandamiento de sus ojos fue suficiente. Por primera vez, en esa mirada gélida vi algo que nunca antes había estado allí. Algo más humano, más vulnerable. No necesitaba decirlo en voz alta. Ya tenía mi respuesta. Sonreí suavemente, sin burlas ni ironía esta vez. —Está bien, me quedaré. Él desvió la mirada con rapidez, co

