Adrián bajó, pude sentir cómo su barba rozaba mi intimidad; lejos de sentirse mal, se sentía condenadamente bien. Abrió su boca y me comió por completo mi v****a; ante el placer, abrí más las piernas. Él se desnudó delante de mí, observé a este hombre con un profundo amor y deseo. Se colocó encima de mí y tomó mis piernas con cuidado. —Voy a entrar —él me susurró al oído —. Prometo ser cuidadoso. Se introdujo en mí de tal manera que no pude sentirlo en absoluto, pero esto cambió en el momento en que comenzó a moverse estando dentro. Las embestidas no eran rápidas, pero sí fuertes. Mis uñas se enterraron en su espalda, pensé por un momento que al sentirse lastimado iba a detenerse; sin embargo, fue todo lo contrario. Aquello que hice parecía haberlo acelerado lo suficiente para mejorar s

