Las manos de Sebastián se deslizaron en mi piel, sentía mi corazón a punto de salirse e incluso una cosquilla en mi zona media. Acaricié su rostro con total devoción, mis ojos lo veían fijamente, pero él solo se enfocaba en querer desvestirme. —Sebas, por favor, mírame —le pedí y tomé su mentón para que me viera directamente —. Te amo. Solo pídeme que me quedé y lo haré. No me importan los libros o el trabajo, lo único que quiero es permanecer a tu lado como algo más que una amiga. Esto fue suficiente para que él me hiciera a un lado y se levantara de encima de mí, me senté en la cama un tanto consternada y todo el deseo que sentía en esos momentos se fue al demonio para darle paso a una vergüenza que acrecentaba cada vez más cuando pensaba en que le había abierto mi corazón de una maner

