—Yo las bautizó en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo —el padre derramó el agua bendita en la cabeza de las niñas —benditas sean. El bautizo de las hijas de Adrián y Mariana fue lo que me hizo viajar nuevamente a este país que, al parecer, se había vuelto parte de mi rutina. Todos sonrieron y fuimos donde se encontraba el fotógrafo para inmortalizar este momento. —Sofía, ¿No te puedes quedar al menos hoy? —Charlotte tomó mis manos y me miró con profunda congoja —las cosas sin ti no son iguales. —Lo siento, cariño. Pero tengo que viajar a Inglaterra cuanto antes y lo sabes, el trabajo no me espera y últimamente mi jefe se está presionando demasiado para que vaya allá. —Está bien —Charlotte lanzó un profundo suspiro —. Por favor, me avisas cuando llegues, no me dejes con

