Mi padrino estaba por decir algo, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, el celular vibró en mi bolsillo. Una llamada entrante. Sofía. No lo pensé demasiado. Corté la llamada, ya luego le llamaría si acaso se daba la oportunidad de hacerlo. —Hola, pequeña Sofía —dije con una sonrisa automática en los labios—. ¿Qué sucede? —Hola, Leonard. Solo quería saber cómo te encontrabas —su voz era suave, familiar—. Recibí noticias de Natalia. Me dijo que estabas en casa de su mejor amiga. —Vaya… —reí con incredulidad—. Esa niña sí que no pierde tiempo. Pues sí, por esas cosas del destino, terminé topándome con su mejor amiga. Y, por suerte, porque si no fuera por ella, probablemente estaría encerrado por un supuesto acoso. —Eso sí que no lo esperaba —rió también. En mi mente pude ver

