Observé a Nicolás en silencio. Este hombre tenía la habilidad de desconcertarme una y otra vez. Cuando creía empezar a comprenderlo, decía o hacía algo que me dejaba completamente confundida. —Me intrigas demasiado, Nicolás —murmuré, sintiendo por primera vez un interés genuino por conocerlo más allá de su máscara de frialdad—. A veces haces y dices cosas que me descolocan por completo. Y justo cuando creo que empiezo a entenderte, me demuestras con hechos que estoy equivocada. Nicolás exhaló un suspiro y me sostuvo la mirada. —No es mi intención confundirte —dijo con sinceridad—. Pero, si te soy honesto… a veces ni yo mismo me entiendo. Lo único que sé es que soy diferente cuando estoy contigo. Sus palabras me tomaron completamente por sorpresa. Mi mano, que sostenía un vaso, se tens

