Respiré profundamente, intentando calmar el torbellino de pensamientos que me carcomía por dentro. Mis manos se movían en un constante frenesí, un reflejo de la ansiedad que me embargaba. Pensaba en Gabrielle, en las palabras de Nicolás, en lo que había hecho y en lo que había perdido. No entendía nada. Cada vez entendía menos. ¿Por qué tuve que forzar tanto las cosas en mi vida sentimental? Si hubiera sabido que iba a desencadenar esta tormenta, habría preferido quedarme quieta, dejar que todo siguiera su curso sin intervenir. —Ya basta. La voz grave de Nicolás me sacó de mi espiral de pensamientos. Su mano grande y cálida cubrió las mías, deteniendo el movimiento frenético que hacía sin darme cuenta. —Todo va a salir bien, Sofía —aseguró con firmeza—. Vamos a buscar a tu hermano po

