Tal vez era un acto de masoquismo emocional seguir pensando en Leonard como alguien con quien construir un futuro. Para muchos, aferrarme a esa idea sería una prueba irrefutable de falta de amor propio, pero no lo era. De verdad que no lo era. Se trataba de fe… Aquella palabra de apenas dos sílabas tenía un peso inmenso en mi vida. Me aferraba a ella con la desesperación de un náufrago que se sujeta a un pedazo de madera en medio del océano. Era mi bote salvavidas, la cuerda invisible que me había mantenido en pie cuando todo lo demás amenazaba con derrumbarse. Porque si había aprendido algo en el infierno del orfanato donde crecí, era que cuando deseas algo con toda tu alma y te aferras a ello con suficiente fuerza, tarde o temprano el universo se rendirá ante tu insistencia. —Veremos

