La noche había caído, y el puerto estaba envuelto en una neblina espesa que hacía difícil distinguir las figuras que se movían en las sombras. Victoria Delgado llegó al lugar indicado, con los sentidos en alerta y la tensión marcando cada uno de sus pasos. Sabía que el encuentro con Marco, el hombre de confianza de Sandro Rossi, era una jugada arriesgada, pero la necesidad de respuestas la impulsaba a seguir adelante.
Caminó hacia el punto de encuentro, una vieja bodega en desuso cerca del muelle. Las luces tenues proyectaban sombras alargadas sobre el suelo de madera. Victoria pudo distinguir una figura esperando en la entrada. Era Marco, y no estaba solo. A su lado, dos hombres más se mantenían en guardia, observándola con recelo.
"Jueza Delgado, gracias por venir," dijo Marco, su tono respetuoso pero firme.
Victoria asintió, manteniendo su postura segura. "Espero que tengas algo útil para mí, Marco. No suelo seguir pistas de desconocidos sin una buena razón."
Marco hizo un gesto hacia los hombres que lo acompañaban. "Pueden irse. Esto es entre la jueza y yo."
Los dos hombres se retiraron, dejando a Victoria y a Marco solos en la penumbra de la bodega. Marco se acercó, sus ojos reflejando la seriedad de la situación.
"Entiendo su desconfianza, jueza Delgado. Pero le aseguro que no estoy aquí para tenderle una trampa. Sandro Rossi me ha pedido que le entregue esta información. Sabe que usted está buscando algo más profundo que su simple encarcelamiento."
Victoria frunció el ceño, intrigada pero cautelosa. "¿Y qué información es esa?"
Marco sacó un sobre de su chaqueta y se lo entregó a Victoria. "Aquí encontrará detalles sobre las operaciones de Sandro y sus conexiones dentro de la policía y el gobierno. Pero hay algo más. Sandro quiere que sepa que él no es el hombre que usted cree. Su hijo está en peligro, y necesitamos su ayuda para protegerlo."
Victoria tomó el sobre, sintiendo el peso de las palabras de Marco. "¿Por qué debería creerle? Todo esto podría ser una estrategia para desviar mi atención."
Marco suspiró, sabiendo que convencer a la jueza no sería fácil. "Lo entiendo. Pero le pido que considere lo que ha visto hasta ahora. Sandro no es solo un criminal; es un padre desesperado por proteger a su hijo. Si no hacemos algo, ese niño podría convertirse en una víctima más de este juego de poder."
Las palabras de Marco resonaron en la mente de Victoria mientras se alejaba de la bodega. Sabía que estaba entrando en un terreno aún más peligroso, donde las lealtades se ponían a prueba y los enemigos se volvían aliados inesperados. Sin embargo, su búsqueda de justicia la impulsaba a seguir adelante, dispuesta a descubrir la verdad y enfrentar las consecuencias.